lunes, 16 de octubre de 2017

NACIMIENTO DE UN SER HUMANO INDIVIDUALIZADO


El tiempo es una entidad energética gigantesca gestionada por el inconsciente colectivo, la mente única, que nos crea y utiliza como vehículos de expresión de sí misma.

El futuro y el pasado existen ambos al mismo tiempo que el presente, pero el cerebro no nos permite percibirlo así.

El presente no existe como tal, pues es solo un punto de intercambio a través del cual el futuro se “alimenta” del pasado.

Para mi pasado, yo -en mi momento presente- soy su futuro. 


Si yo recuerdo un hecho del pasado, soy el futuro de ese pasado que le está dando energía y moldeándolo por el hecho de recordarlo.


 Así actúa el futuro como entidad energética masiva, dedicándose a crear el pasado para poder existir.

Su supervivencia radica en asegurarse que el pasado ocurrió de tal manera que desembocó en él, en ese futuro concreto.

Por eso nosotros jamás elegimos nada. Tan solo reaccionamos a lo que el futuro crea, y nuestra reacción, obviamente, también forma parte de esa línea de tiempo que desemboca en ese futuro.

Somos meros vehículos de intercambio entre el futuro y el pasado.

Pero podemos elegir dejar de serlo, cortando la cadena de reacciones, pensamientos y emociones que cruzan por nosotros para ser intercambiadas.

Para ello tenemos que entrar en un estado de interrupción, un estado tan vacío y neutro como nos sea posible. Tal estado desconecta la cadena energética del tiempo, que deja de recibir “alimento”.

A partir de ese estado mantenido, ese futuro denso y probable en el que siempre estuvimos -y donde están atrapados la práctica totalidad de los seres humanos- deja de estar ahí.

Se crea un futuro nuevo que no está vinculado al pasado que recordamos, y por tanto jamás ha sido vivido. Su único pasado somos nosotros mismos.


Ese nuevo futuro toma referencia de nosotros -de nuestra emoción, actitud y voluntad- para desplegarse, a la vez que nos "crea" con su vacío y su naturaleza alejada de la densidad, y cercana a la conciencia (la nada).

Es el nacimiento de un ser humano individualizado,
que comienza a crear su propia realidad, desvinculádose cada vez más del inconsciente colectivo.

En una línea de tiempo nueva -no vivida- no existe carga ni densidad energética, pues esa línea no ha sido transitada aún. Por tanto hay una velocidad de manifestación rápida.


En ella nuestra actitud, voluntad y emoción se combinan con las posibilidades nunca vividas. Ambas partes se interconectan.
 

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