jueves, 2 de noviembre de 2017

EMOCIÓN NEUTRA: LA PAZ SENTIDA


Si tienes un problema, conflicto, preocupación, o cualquier cosa "mala" que te ocurra... estás de suerte. Voy a mostrarte que eso que percibes y vives como "malo" se puede convertir en una maravillosa fuente de paz.

Porque la realidad que percibimos es solo aparente. Y las apariencias, por supuesto, engañan. Lo "real" va más allá, y en otra dirección.


COMPRENSIÓN

 Ten presente que esto no es un método ni nada que se pueda utilizar como tal. Es un posicionamiento con respecto al entorno y a ti mismo. Es decir: se trata de ocupar una posición diferente dentro de la realidad, que nos de una perspectiva más global de ésta y de su funcionamiento. Nosotros y el mundo formamos una unidad, pero podemos lograr un encaje entre ambos más adecuado.

Todo lo que existe en este universo físico -la propia existencia, la materia, otras dimensiones, el espacio y el tiempo- es una sola cosa. Esta afirmación es muy fácil de demostrar: todo, en su parte más ínfima, pequeña e indivisible, es energía. Por tanto, lógicamente, todo es lo mismo y una única cosa: energía.

Esa energía es el famoso "Uno" que todos andan buscando. Es la Unidad que subyace en la existencia, cuya naturaleza aparente es dual: el bien y el mal, lo positivo y lo negativo.

Esta dualidad es una "huella" distorsionada impresa en la propia existencia-realidad, por el propio hecho de existir. Sí: la existencia (universo) y la dualidad son lo mismo. La Conciencia Una no precisa existir, porque el Uno ya lo contiene todo en si mismo. Cuando se despliega la existencia es porque hay una necesidad, un propósito, una búsqueda.

La Conciencia es "Uno".

La existencia son "dos": lo que existe y el lugar hacia donde se dirige. Lo que es y lo que quiere llegar a ser.

Lo que existe (universo, ser humano) emprende un camino (tiempo, evolución) para llegar al lugar al que se dirige. Ese camino "separa" a ambos aspectos de ese "dos", y así la dualidad se convierte en dos cosas bien distintas, diferentes, opuestas y contrarias, a la vez que complementarias e íntimamente relacionadas.

Y así también se expresa y se impregna por todos los rincones de este escenario que llamamos realidad.

Pero... ¿Te das cuenta? Las dos partes (bien y mal) son energía, las dos surgieron del Uno.

Las dos son una sola cosa: el Uno, manifestándose como (una sola) energía aquí en la existencia.
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De todo lo expuesto hasta ahora se deduce, por lógica simple, que en la dualidad podemos encontrar las mismas maravillosas cualidades que encierra el Uno en sí. La dualidad nació como un reflejo de la unidad, así que encierra todo su potencial, aunque no lo aparenta (de ahí el término "realidad aparente").

Para poder vivir ese potencial necesitamos reunir a ambos aspectos de la dualidad, y "soltar" su "apariencia" de estar distantes y opuestos. Nada más se requiere.

En concreto, vamos a nutrirnos de la profunda e insondable paz que contiene el Uno, y que el bien y el mal guardan en su interior.

En otras palabras: si la dualidad es un camino que se recorre entre dos puntos, haz que estos dos puntos se encuentren en tí, y se produzca la "gran celebración" de haber llegado al final de ese recorrido.

Si le das a la dualidad su anhelado deseo de volver al Uno, ella se abre como una flor y derrama su esencia sobre tí, si me permites esta forma poética de describirlo.

Hasta aquí la teoría, resumida en lo esencial. Ahora vamos a ver cómo lo aplicamos en nuestro escenario de realidad.


APLICACIÓN

Llamo "emoción neutra" a mi forma personal de posicionarme ante la dualidad. Fue algo que surgió espontáneamente en mí hace meses, y comenzó a llenarme con una paz que yo ni siquiera buscaba.

Este posicionamiento es sencillo, fácil, y sobre todo es emocional: tienes que sentirlo. No le des estructura mental (visualización, creencias, querer hacerlo "bien"...), no necesita ese ingrediente. Permite hablar a tus emociones.

Voy a explicar esto con un ejemplo práctico, que nos ayudará a entenderlo mejor.

Supongamos que tenemos una dificultad en nuestra relación con alguien. Creemos que nuestra relación con esa persona suele estar "bien", es una buena relación. Pero algo ha ocurrido entre ambos que hace que ahora esa relación vaya "mal". Esto nos crea dolor, confusión, rabia, etc.

Por tanto, está claro: hemos pasado del bien al mal. En ese tránsito la existencia misma se está expresando a través de nosotros, de ambos. Es por ello que no necesitamos sentirnos responsables de algo que implica a TODA la existencia. Es decir: nuestros problemas son (mayoritariamente) colectivos, no individuales.

Imaginate en un escenario vacío, donde eres el espectador que está de pie frente a él, mirando a ese vacío. Lleva tu atención al centro de tu pecho. Respira conscientemente. Entre tu respiración y tu pecho, ahí estás tú.

Coloca en un lado del escenario la imagen, emoción o percepción del "mal" que sientes con esa persona: tu rabia, malestar, dolor... Siéntelo. Respira conscientemente. Permítele ser. No quieras intervenir, limítate a sentirlo.

Coloca el ingrediente que mejor transmita la emoción. No importa si es una imagen, una escena, un recuerdo o tu propia emoción-sensación. Recuerda que todo es Uno, todo es lo mismo. Estás entrando en el terreno de lo Único.

Supongamos que lo has colocado a la izquierda, frente a ti. Ahora, a tu derecha y también delante de ti, coloca otra imagen, escena o sensación que hayas vivido y sea opuesta o contraria a la primera. Puede ser con esa persona, o cualquier otra situación diferente. Deja que tu sentir se deslice y encuentre lo apropiado.

No busques imágenes o situaciones atrás en el tiempo, porque el tiempo es la distancia entre dos puntos. Cada día transitamos emociones del lado del bien y del mal. Toma lo que tengas cercano a ti.

A veces la imagen contraria tarda en aparecer. Es debido a que la dualidad está profundamente enraizada en nosotros, y no la vemos con total claridad. Ten paciencia, dale tiempo y manténte en tu posición.

Date cuenta de que tú estás a la misma distancia de ambas imágenes. Ese es exactamente tu posicionamiento: equidistante. Esto es fundamental.

Desde el centro de tu pecho respira y siente esas imágenes y sus emociones. No intentes hacer ni añadir nada. Pon atención al hecho sutil de que ambas guardan la misma distancia contigo.

Ahora eres el espectador de la dualidad. El bien y el mal, lo dual y tú. Una sola escena en un solo escenario de vacío.

 A partir de este punto, solo puedo aportarte mi silencio. Es tu posición y tu escenario, y nada tengo yo que añadir.

Solo me queda darle un enorme SÍ a la Fuerza de Vida para agradecerle la inconmensurable paz y plenitud que siento cada vez que un malestar viene a verme, y le hago pasar a mi escenario de emoción neutra...


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