martes, 9 de enero de 2018

LA CLAVE QUE SOLUCIONA TODO: INTRODUCCIÓN


No somos un “yo”. Es completamente imposible ser uno mismo y ser libre en la manera en que estamos estructurados energéticamente. Somos el resultado de un conjunto de variables que dan como consecuencia ese “yo” que creemos ser. Por tanto, somos el efecto de una causa.

Eso significa que en esta actual configuración energética en la que estamos (en la que hemos sido “creados”) siempre vamos a ser el efecto de una causa, o también podemos ser una causa que genere un efecto similar a eso que somos.

Cada persona suele tomar su vida con fuerza, aferrarse a ella, a su independencia e individualidad. Cree tomar sus elecciones, tener sus gustos, administrar su vida en sus diferentes aspectos. Y todo esto es precisamente el efecto de esa causa que nos genera, y no una realidad basada en la verdad. Es, digamos, una "realidad-espejo”: mostramos la imagen de aquello que nos ha creado, al igual que la luna refleja la luz del Sol.

Todo esto está íntimamente relacionado con el tiempo. Existimos en diferentes líneas de tiempo, con un yo específico en cada una de ellas. El conjunto de esos diferentes “yoes” actuando en sus líneas, genera una cantidad determinada de energía emocional (lo que cada "yo" siente en su línea de tiempo y de acción). Esa energía emocional es volcada en nosotros, y es en buena parte lo que nos materializa. Somos el resultado de ese volcado de energía.

Hay un propósito mayor que produce todo esto. Ese propósito es reunir y recoger toda esa energía emocional en contenedores, receptores emocionales ubicados en una línea de tiempo maestra. Cada uno de nosotros somos ese contenedor emocional, y es en nosotros donde toda esa cantidad de energía se ubica, se guarda y también se expresa, generando aún más energía similar.

Es por ello que nuestra línea de tiempo es la más densa; tiene que serlo, porque recibe y contiene todas las variables de los otros “yoes” más toda la energía emocional generada. Hace falta una densidad con una estructura que dé el soporte adecuado a todo ello.

De todo lo expuesto se comprende cual es la función que se nos ha asignado a los seres humanos en este universo creado. Sin duda es una función destacada; aunque cada elemento del universo es energía en su expresión más pequeña e indivisible, y por tanto todo es lo mismo y tiene la misma importancia.

Esa función de contenedor energético emocional que tenemos nos da dos perspectivas. La primera es que si nos comportamos en coherencia a eso que somos -un reflejo, algo que no tiene poder de elección ni de ningún otro tipo- entonces los conflictos de nuestra vida van a disminuir.

Todos los conflictos que vivimos son en su mayoría provocados por pretender ser lo que no somos: seres autónomos e independientes, con poder personal.

La otra perspectiva es que ser ese contenedor es algo totalmente reversible. Podemos dejar de ser el reflejo en un espejo, y convertirnos en el otro lado, aquel que se mira en él. Para conseguirlo hay que abandonar el tiempo, pues como ya he dicho hay una íntima vinculación entre nuestra posición como “yo” -nuestra presencia como elemento- y el tiempo.

El tiempo es un tejido de posibles variables donde los “yoes” actúan y hacen su función. Sin tiempo no hay yo, ni función de contenedor alguna. El tiempo es quien da soporte a todo lo que existe Sin el elemento del tiempo la realidad al completo deja de existir.

Es muy fácil salir del tiempo. Hay una clave muy sutil que nos permite salir en cada instante. El No tiempo (ausencia de tiempo y por tanto, conciencia o percepción consciente) está presente en cada instante del tiempo, pues el mismo tiempo es un “reflejo en un espejo” del No tiempo, que es quien se mira en él.

Así que en cada instante existe el “puente” que permite cruzar hacia el No tiempo.

Lo que realmente nos va a dar el poder de elegir y de ser “yo” como individualidad es esta última perspectiva.




viernes, 5 de enero de 2018

EL ALGORITMO QUE GENERA EL TIEMPO


La premisa del tiempo es que éste es circular. El tiempo sigue un axioma, un algoritmo. No es exactamente circular, pero podemos concluirlo así. El futuro se genera en base a muchas posibilidades alimentadas al mismo tiempo. Son muchas líneas de tiempo que convergen en una sola.

La densidad material es una suma de líneas de tiempo, de variables en juego, alimentadas.

Nuestro yo es múltiple y está desplegado en cada posibilidad de esas líneas. En cada una de ellas está realizando algo concreto y diferente, algo inherente a esa línea.

La suma de todas las líneas, de todas las acciones, de todos los yoes actuando, es la línea que conocemos como densidad, la de más probable ejecución. Es el resultado de poner en acción todas esas variables al mismo tiempo.

El punto débil del diseño del tiempo es justo el sutil hilo que hilvana a nuestros yoes en todas esas líneas. Ese punto no está diseñado para ser visto. Poner una cierta conciencia o percepción en ese punto desestructura el tiempo en sí. En ese hilo solo puede circular la emoción generada por los yoes, que nace de la actividad inconsciente. Ese hilo no resiste a un observador percibiéndolo, sintiéndolo tal y como es.

Si desestructuras el tiempo creas una variable, una brecha que puede ser profunda, donde la energía atrapada es liberada. Esa energía puedes utilizarla, al detectarla, para tus propósitos, pues queda fuera de control.

Todo el mundo está siguiendo fielmente esas líneas múltiples de tiempo. El cerebro está diseñado para seguir el tiempo como un tren que circula por sus vías, sin dejarlas jamás, sin poder circular por otro lugar.

Si abres una brecha en la interconexión de tus yoes repartidos en esas líneas, todos ellos o la mayoría quedarán fuera de la estructura, de hecho quedarán fuera del tiempo. Ahí, en ese punto, necesitas una cierta habilidad para saltar la dualidad del cerebro y percibir más allá, o quedarías atrapado en esa desestructuración.

Concluimos con esto que abrir una brecha en el algoritmo del tiempo equivale a obtener una gran cantidad de energía, realmente muy grande, pues así es el volumen energético que se mueve por los hilos de interconexión.




miércoles, 3 de enero de 2018

VIVIR EN EL PARAÍSO: EL NO TIEMPO


Quienes siguen mis posts notarán que los dos últimos están de alguna forma relacionados entre sí. De igual forma este post nace del anterior, por si alguien desea revisarlo antes de seguir leyendo.

Suelo afirmar que la experiencia humana y la propia existencia están íntimamente unidas a la línea de tiempo.

El tiempo es un tejido que da soporte a la realidad, mientras que ésta es un sistema de creencias y conceptos que llena cada instante del tiempo con sus diseños energéticos (creencias: estructuras de energía).

Todo es energía, y el tiempo también lo es. Es por ello que todo lo que existe tiene un mismo hilo conductor, como una sucesión hilvanada de puntos de energía, todos íntimamente interconectados entre sí.

Obviamente, el tiempo es un despliegue. El despliegue de la experiencia acumulada por toda la humanidad tanto en el pasado como en el futuro, pues todos los instantes de tiempo, pasados o futuros, existen "ahora mismo" y “al mismo tiempo”.

El tiempo dispone de un "sistema" que reparte toda esa gigantesca carga energética humana entre el pasado y el futuro. Ese reparto de cargas da vida a los instantes de tiempo, los activa.

Se asemeja a un salto de agua que mueve una rueda de molino. El agua cae sobre cada escalón de la rueda y le transmite un impulso. Todos los escalones reciben ese impulso, y ese reparto de impulsos hace mover la rueda sin cesar.

El tiempo también es una rueda, y la carga energética (emocional) de la experiencia humana es el agua que le transmite movimiento. Es por ello que los humanos sentimos: para impulsar al tiempo con nuestras emociones.

Ahora, abandonemos todo eso. Soltemos el tiempo. Es obvio que es una especie de “programa” lo que hace que nosotros demos vida al tiempo. Un programa muy bien diseñado. Bien, pero… ¿Y si dejamos de darle vida a ese programa?

Quizás os preguntaréis: ¿Se puede salir del tiempo? Como suelo decir, la respuesta está contenida en la propia pregunta: se puede salir del tiempo.

Más que salir de él, prefiero utilizar el término “dejar de estar en el tiempo”.

Si dejo de estar en el tiempo, ¿Dónde estoy entonces? En el "No tiempo", lógicamente.

El No tiempo es un estado o instancia que no utiliza el tiempo para desplegarse, para avanzar. Es más, no se despliega ni necesita avance alguno. No evoluciona, no soluciona problemas, no vive conflictos (dualidad).

Tal estado no se apoya en la experiencia. No se pregunta nada, porque percibe todo cuanto necesita saber.

Me gusta llamar paraíso a este estado sin tiempo. El paraíso es algo eterno, inalterable, y sobre todo, consciente. El paraíso es un estado consciente de sí mismo, y eso es lo que mejor lo define. Se vive aquí, en la existencia, en tu vida diaria, en presencia de todos tus problemas, o en su ausencia, no importa.

El paraíso está dentro de la densidad humana, así que puedes utilizar al propio tiempo para que te conduzca hasta él. Así es: usas el tiempo para desembocar en el No tiempo, como si fueses el dueño de todo ello.

El “programa” tiene una “ley” que dice: lo denso y lo sutil son opuestos y están separados. Bueno, yo me salto esa ley, sin más. Puesto que sé que soy un reflejo de la Conciencia, sé que tengo su misma capacidad de ser lo que quiera ser. Sé bien que soy un Dios, no un esclavo.

La densidad (la realidad con sus dificultades) solo puede existir si algo muy, muy ligero está presente a su lado, dándole soporte. Ambas están íntimamente conectadas, así que es bien fácil cruzar de una hacia la otra.

¿Qué es eso tan extremadamente sutil que ni se ve, pero que nos rodea constantemente en este mundo denso y material? El aire. Entra y sale de nuestros pulmones, dándole vida a nuestras células en cada movimiento. Pon tu consciencia en ese aire entrando y saliendo de ti, y empiezas a cruzar el puente hacia el paraíso.

Al principio puede que no notes gran cosa, y suele ocurrir que te olvidas de hacerlo, o lo conviertes en un ritual para el que nunca encuentras el momento de realizarlo. Pero respirar no requiere NADA. excepto tu compañía, tu presencia consciente.

Al respirar conscientemente, un elemento sutil y casi imperceptible aparece en el ambiente. Una ligera sensación, un “halo”, un algo indescriptible. Entonces pasas a respirar ese elemento, a sentirlo en tu pecho.

Acabas de poner un tímido pie en el paraíso.

Sientes ese estado inalterable, e inmediatamente él te da más de si mismo. Tú solo siéntelo, y permite que él se encargue de todo. Es como un amor transparente, intangible, pero se siente.

No puedes pretender estar allí. Esto no es un objetivo, no es tangible. Tú eres como la Luna, y permites que el Sol te llene de luz. Sería absurdo querer que esa luz sea tuya. Solo déjate llenar, no hay otra cosa que hacer.

El paraíso es cuando dejas de pretender tener una vida propia, y es la vida la que te tiene a ti, la que te ama como jamás nadie te amó. Ese verdadero y único amor es una transmisión, y te llega cuando sabes que es tuyo, cuando reconoces que tú eres eso y lo sientes.

Lo sientes. Lo sabes, en silencio.

En ausencia de tiempo, no hay ningún lugar a donde ir o algo que conseguir. Todo está ahí, siempre estuvo ahí, y ya no te crees el cuento de que te falta o te sobra algo. Nada se movió de su sitio, jamás te faltó lo necesario.

Y todo esto se da en mitad de tus quehaceres, en mitad de los conflictos que te rodean, cuando tienes una factura en tus manos que necesitas pagar, y no sabes cómo. Y precisamente porque se da en mitad de todo eso, el amor de la vida te cruza y te da la solución bien pegada a la pregunta, sin distancia entre ambas.

Te la da porque has cerrado los ojos y has sentido su vida, y te has sintonizado con ese amor más allá de toda descripción. Te la da porque la has sentido, y al hacerlo te has conectado a ella.

Y ahí, con ese amor que te cruza y te llena, comprendes que el mundo es una luz reflejada, como la belleza de mirar la luna llena.

La miras y te sientes bien, sabes que todo está bien.





martes, 2 de enero de 2018

QUÉDATE EN EL INICIO DEL AÑO


Arranca el año y se inicia un ciclo de tiempo. Siempre que algo así ocurre, ya sea que iniciamos un nuevo día, una semana, mes, año, estación, cumpleaños, etapa… algo sutil se muestra justo en ese inicio, tan sutil que se escapa a nuestra percepción.
 

¿Imaginas cómo comenzó el propio tiempo, el minuto 0, el primer día? ¿Qué abrió e inició el tiempo, y qué le hizo empezar a transcurrir?
 

Lógicamente, antes de que el tiempo comenzase a suceder, lo que había era un estado de “No tiempo”. Un estado sin soporte ni base de tiempo. Es decir, un estado atemporal, eterno.
 

No existían necesidades que cubrir, pues es imprescindible que transcurra tiempo para que una necesidad (pregunta, problema) se pueda llegar a cubrir (respuesta, solución). Estaba todo dado. Es ese estado que llamamos “el paraíso”.
 

Sí, la vida era un paraíso. Quien(es) estaba(n) allí vivían la vida en absoluta plenitud y abundancia. Nada se podía oponer a eso: ni carencia, ni necesidad de mejorar (evolución). Nada que hacer ni resolver, pues la vida se estaba expresando en su máximo grado.
 

Podemos afirmar entonces que el paraíso es el estado de máxima expresión de la vida, donde nada se opone o se resiste a tal expresión, pues no existe una dualidad que aporte a dos opuestos que se enfrentan (bien-mal).
 

Cada vez que iniciamos un ciclo de tiempo, como dije al principio, aquel estado paradisíaco va impreso muy sutilmente en ese inicio. Es decir, hay una máxima expresión de vida, un máximo disfrute, junto a una mínima presencia de tiempo, de cuestiones a resolver que requieran tiempo (como un problema que, tras un tiempo de búsqueda, se halla su solución).
 

Tanto da si lo que se inicia es un año, un día, un mes, un curso escolar o una relación de pareja. Ahí está el paraíso original, el "No tiempo" anterior al tiempo, conectado, y la vida dispuesta a expresarse al máximo en ese punto.
 

Eso significa que en cada inicio de ciclo tenemos dos posibilidades a nuestro alcance. Una es muy densa y evidente: la realidad material (con nosotros dentro). Como energía viva que es, la realidad quiere vivir, así que nos hace actuar como un resorte, y enseguida nos empuja a entrar en el tiempo, en acontecimientos, en preocupaciones importadas del año o ciclo anterior, en búsquedas de soluciones y/o de respuestas que requerirán tiempo. 

Esto es así porque la realidad necesita del tiempo para existir. Tiempo y realidad (existencia) son las dos caras de una misma moneda. No hay una sin la otra.
 

Esta posibilidad tiene una fuerza inmensa (acumula una cantidad de energía grandiosa), y toma ventaja frente a la naturaleza tan sutil de la otra posibilidad, apenas percibida por muy pocos. Démonos cuenta que la densidad de una es necesaria para que la sutilidad de la otra pueda existir, y viceversa (este universo es dual, por tanto todo se expresa junto a su complementario). 

Te preguntarás cómo percibir y elegir esa otra posibilidad más sutil, cuando el tiempo denso con sus acontecimientos y reacciones provocadas nos arrastra casi sin remedio.
 

Como siempre, la respuesta va incluida ya en la pregunta: déjate arrastrar y provocar por los acontecimientos, permite que el tiempo te empuje y te haga buscar soluciones a problemas nada más empezar el año. Es decir: acéptalo sin resistencia alguna. Acéptalo totalmente. Suéltate y déjate arrastrar, sin darle mayor importancia. 

Recuerda: deja "ganar" siempre a la densidad (situaciones difíciles), pues la necesitas para percibir lo sutil. Cuanta más densidad haya en el ambiente que te rodea, más presencia de elementos sutiles tendrás disponible para ti.
 

Al entrar en ese estado de aceptación ya estás listo para poder percibir el paraíso sutil. Eso sí, permanece alerta. Se abren pequeñas brechas, como “momentos de ruptura, de alto, de parón, breves instantes, estés donde estés, hagas lo que hagas. Son momentos en que la tensión baja, el miedo se desconecta, se abre un instante de tranquilidad, notas un fluir armónico, suave. Son instantes “atemporales”.
 

En ese punto solo tienes que sentir esos instantes, y respirar conscientemente a través de ellos. Respirarás pura vida. Sentirás algo que no se puede describir en palabras, porque no es de este mundo. Es el estado anterior a este mundo.
 

Mantén tu emoción ahí, y los sentimientos que esa emoción refleje en ti. Ahí, en el paraíso, eres un reflejo de la vida, un reflejo de la Conciencia que imaginó esa vida.
 

Sé ese reflejo, puro receptor, y permítete ser solo eso, aunque sea por un segundo. La clave está en que no quieras ser otra cosa más que ese reflejo de vida, ni te preguntes ni pretendas nada. Es decir, entrégate.

Claro que aparecerá la densidad, los problemas y las “cosas que hacer” de nuevo, que te volverán a absorber. Pero puedes “surfear” entre ambos mundos, con un poco de práctica. Tu energía personal comprenderá que quieres irte por esa vía sutil, y ella misma se abrirá camino nada más notar tu intención, tu deseo y tu entrega, junto a tu respiración consciente.
 

Quédate en ese inicio sutil del año, y los problemas apenas podrán estar separados de sus soluciones, pues no habrás dejado transcurrir tiempo entre ambos. Es decir, modificarás el propio diseño del tiempo, en la parte que a ti te implica (tu sector de vida).
 

Quédate ahí, porque es tu pleno derecho, ya que tú eras ese reflejo de vida antes de formar parte de la aventura del tiempo.
 

Un reflejo no puede pretender ser otras cosa más que eso: el espejo donde la vida se mira.

Quédate ahí, y sentirás que eres tú el reflejo de Dios (Conciencia), es decir, el hijo de Dios, una imagen exacta y nítida de la Conciencia absoluta.
 

Y como hijo de Dios el paraíso te pertenece, por la eternidad.




lunes, 1 de enero de 2018

LAS FISURAS DEL TIEMPO


Hace ya décadas que estamos en un amplio cambio de ciclo. La mayoría de personas se dan cuenta de ello. Aparecen muchas tendencias e ideas nuevas, cuya presencia invalida o hace anticuadas las ideas / creencias antiguas. Todo ello ofrece un aspecto de renovación social, económica, ideológica, espiritual…

Pero… ¿Qué es exactamente un cambio de ciclo? Si el mundo fuese un teatro, tal cambio supone algo así como dejar de representar una obra para hacerle muchos, muchos cambios, y volverla a representar una vez actualizada. Se cambian los decorados, los argumentos, el guión y los diálogos, y también los personajes. Se cambia todo lo necesario para lograr el objetivo fundamental: volver a atraer la atención del público, volver a fascinar, a ilusionar.

O, dicho de otro modo: volver a generar emoción intensa, mantenida, renovada.

El cambio de una obra a la otra se tiene que hacer sobre la marcha. La representación no puede parar. Los beneficios de la empresa que gestiona el teatro son la emoción del público. Si esta emoción se deja de generar todo se queda sin energía, se colapsa.

Es comprensible, pues, que con tal cambio realizándose momento a momento se cree un cierto caos. Se mezclan la obra vieja con la nueva, los actores confunden sus papeles, escenarios y actos completos van y vienen, se crea mucha incertidumbre.

Se hacen pruebas y se añaden cosas para decidir qué y cómo se cambia. Aparecen nuevas escenas y guiones, unos se aprueban y tienen fuerza, otros son solo novedades temporales que no prosperan.

Y nosotros, los actores de todo ello, no sabemos muy bien a qué atenernos.

Hasta aquí todo esto, más o menos, ya lo sabemos. Es evidente, es lo que “aparenta”, y lo tomamos como la realidad actual.

Pero hay aspectos de este cambio que los actores (los seres humanos) no podemos ver, tan inmersos e implicados como estamos en esta transformación.

El primer aspecto es que este cambio de ciclo, este cambio de representación, es en sí mismo otro acto de la obra. Pero al ser algo que ocurre muy de vez en cuando, se nos escapa su verdadero sentido, que está más allá de su apariencia de cambio global.

Ese gran cambio, con su vaivén, sus novedades y transformaciones, es una mera distracción emocional más.

Mientras estamos absortos en esa distracción, algo más está ocurriendo.

El tema de fondo es que para representar una obra de teatro, se necesita un elemento fundamental: el tiempo.

La obra dura un tiempo determinado, y ese tiempo se puede medir por ciclos. Un cambio de ciclo produce ciertas fracturas o fisuras en el tiempo, a modo de “arrugas”.

Es decir, el tiempo no funciona exactamente igual como lo hace siempre.

El tiempo y la representación de la obra están sincronizados casi a la perfección. Tanto es así, que podemos decir que son la misma cosa. Pero cuando aparecen las fisuras hay un “escape de energía” de ese sistema unificado, que normalmente es cerrado y cíclico.

Y… ¿A dónde conducen estas fisuras, hacia dónde se escapa esa energía? Pues al lugar de donde surgió el teatro, la obra, los actores, y el propio tiempo: al Campo de posibilidades.

El Campo es un estado de semi-existencia que rodea al Universo y todo lo que éste contiene. Ese estado es el contenedor donde se alojan todas las posibilidades que se pueden dar en este universo existente. El campo alberga todo eso de forma potencial, guardada.

El Campo es una instancia que podríamos definir como una "acción de la Conciencia”, o un sueño de ésta. La Conciencia es un aspecto del Vacío absoluto que se volvió consciente de la vida en este universo, y así la imaginó.

Y exactamente de ahí venimos nosotros: los actores, junto con todo el decorado y el teatro mismo: el universo.

Volvamos a las fisuras del tiempo. Ellas nos permiten ahora mismo soltar la actual representación teatral, que está fuertemente polarizada entre lo viejo y lo nuevo, para colocarnos en un punto neutro entre ambos mundos (lo ya conocido, y lo nuevo por conocer).

En un cambio de ciclo la polarización es muy fuerte: las cosas buenas aumentan, las malas también, y se da una alternancia entre ambas. Es decir: te pasa algo muy bueno, y pasado un corto tiempo, esa situación u otra que estés viviendo se vuelve todo lo contrario, para desesperación del actor, que no sabe cuál es su papel en todo ello.

Por eso este artículo se acerca al confundido actor, con estas sugerencias:

  • Vuélvete tan neutro como puedas. Actúa mínimamente, haz solo lo necesario. No busques, no te preguntes por qué ocurren las cosas. Utiliza soluciones prácticas a tu alcance que te permitan ir resolviendo cosas, pero sin más pretensión. No atiendas a lo viejo, ni a lo nuevo, en la medida de lo posible.
  • No te desplaces por el tiempo: no recuerdes el pasado, no observes el presente, no adelantes el futuro, en la medida en que te sea posible. Hazlo solo para cuestiones prácticas o necesarias, nada más. 
  • No seas actor de ninguna obra: ahora puedes hacerlo, porque esas fisuras del tiempo te permiten recibir y ser esa Conciencia que está más allá de todo, de la que provienes y de quien te vendrá TODO lo que puedas necesitar.
  • No creas lo que te explican los nuevos argumentos / creencias de la obra, ni tampoco los rechaces. Permite que todo siga su curso. Haz tu trabajo y cumple tus roles habituales y necesarios, aceptando y soltando cada cosa que este cambio de ciclo te muestra.
  • Para ser neutro, solo respira conscientemente. Pon tu atención en la respiración y hazte uno con ella. Cuando puedas, cuando quieras, sin prisa. Simplemente respira así, y disfrútalo.

Hazlo, y dejarás de ser un actor fuertemente implicado en una obra, tan identificado con su papel, para ser el espectador que disfruta del espectáculo, sabiendo que todo cuanto ve es eso: un show para el placer.