martes, 2 de enero de 2018

QUÉDATE EN EL INICIO DEL AÑO


Arranca el año y se inicia un ciclo de tiempo. Siempre que algo así ocurre, ya sea que iniciamos un nuevo día, una semana, mes, año, estación, cumpleaños, etapa… algo sutil se muestra justo en ese inicio, tan sutil que se escapa a nuestra percepción.
 

¿Imaginas cómo comenzó el propio tiempo, el minuto 0, el primer día? ¿Qué abrió e inició el tiempo, y qué le hizo empezar a transcurrir?
 

Lógicamente, antes de que el tiempo comenzase a suceder, lo que había era un estado de “No tiempo”. Un estado sin soporte ni base de tiempo. Es decir, un estado atemporal, eterno.
 

No existían necesidades que cubrir, pues es imprescindible que transcurra tiempo para que una necesidad (pregunta, problema) se pueda llegar a cubrir (respuesta, solución). Estaba todo dado. Es ese estado que llamamos “el paraíso”.
 

Sí, la vida era un paraíso. Quien(es) estaba(n) allí vivían la vida en absoluta plenitud y abundancia. Nada se podía oponer a eso: ni carencia, ni necesidad de mejorar (evolución). Nada que hacer ni resolver, pues la vida se estaba expresando en su máximo grado.
 

Podemos afirmar entonces que el paraíso es el estado de máxima expresión de la vida, donde nada se opone o se resiste a tal expresión, pues no existe una dualidad que aporte a dos opuestos que se enfrentan (bien-mal).
 

Cada vez que iniciamos un ciclo de tiempo, como dije al principio, aquel estado paradisíaco va impreso muy sutilmente en ese inicio. Es decir, hay una máxima expresión de vida, un máximo disfrute, junto a una mínima presencia de tiempo, de cuestiones a resolver que requieran tiempo (como un problema que, tras un tiempo de búsqueda, se halla su solución).
 

Tanto da si lo que se inicia es un año, un día, un mes, un curso escolar o una relación de pareja. Ahí está el paraíso original, el "No tiempo" anterior al tiempo, conectado, y la vida dispuesta a expresarse al máximo en ese punto.
 

Eso significa que en cada inicio de ciclo tenemos dos posibilidades a nuestro alcance. Una es muy densa y evidente: la realidad material (con nosotros dentro). Como energía viva que es, la realidad quiere vivir, así que nos hace actuar como un resorte, y enseguida nos empuja a entrar en el tiempo, en acontecimientos, en preocupaciones importadas del año o ciclo anterior, en búsquedas de soluciones y/o de respuestas que requerirán tiempo. 

Esto es así porque la realidad necesita del tiempo para existir. Tiempo y realidad (existencia) son las dos caras de una misma moneda. No hay una sin la otra.
 

Esta posibilidad tiene una fuerza inmensa (acumula una cantidad de energía grandiosa), y toma ventaja frente a la naturaleza tan sutil de la otra posibilidad, apenas percibida por muy pocos. Démonos cuenta que la densidad de una es necesaria para que la sutilidad de la otra pueda existir, y viceversa (este universo es dual, por tanto todo se expresa junto a su complementario). 

Te preguntarás cómo percibir y elegir esa otra posibilidad más sutil, cuando el tiempo denso con sus acontecimientos y reacciones provocadas nos arrastra casi sin remedio.
 

Como siempre, la respuesta va incluida ya en la pregunta: déjate arrastrar y provocar por los acontecimientos, permite que el tiempo te empuje y te haga buscar soluciones a problemas nada más empezar el año. Es decir: acéptalo sin resistencia alguna. Acéptalo totalmente. Suéltate y déjate arrastrar, sin darle mayor importancia. 

Recuerda: deja "ganar" siempre a la densidad (situaciones difíciles), pues la necesitas para percibir lo sutil. Cuanta más densidad haya en el ambiente que te rodea, más presencia de elementos sutiles tendrás disponible para ti.
 

Al entrar en ese estado de aceptación ya estás listo para poder percibir el paraíso sutil. Eso sí, permanece alerta. Se abren pequeñas brechas, como “momentos de ruptura, de alto, de parón, breves instantes, estés donde estés, hagas lo que hagas. Son momentos en que la tensión baja, el miedo se desconecta, se abre un instante de tranquilidad, notas un fluir armónico, suave. Son instantes “atemporales”.
 

En ese punto solo tienes que sentir esos instantes, y respirar conscientemente a través de ellos. Respirarás pura vida. Sentirás algo que no se puede describir en palabras, porque no es de este mundo. Es el estado anterior a este mundo.
 

Mantén tu emoción ahí, y los sentimientos que esa emoción refleje en ti. Ahí, en el paraíso, eres un reflejo de la vida, un reflejo de la Conciencia que imaginó esa vida.
 

Sé ese reflejo, puro receptor, y permítete ser solo eso, aunque sea por un segundo. La clave está en que no quieras ser otra cosa más que ese reflejo de vida, ni te preguntes ni pretendas nada. Es decir, entrégate.

Claro que aparecerá la densidad, los problemas y las “cosas que hacer” de nuevo, que te volverán a absorber. Pero puedes “surfear” entre ambos mundos, con un poco de práctica. Tu energía personal comprenderá que quieres irte por esa vía sutil, y ella misma se abrirá camino nada más notar tu intención, tu deseo y tu entrega, junto a tu respiración consciente.
 

Quédate en ese inicio sutil del año, y los problemas apenas podrán estar separados de sus soluciones, pues no habrás dejado transcurrir tiempo entre ambos. Es decir, modificarás el propio diseño del tiempo, en la parte que a ti te implica (tu sector de vida).
 

Quédate ahí, porque es tu pleno derecho, ya que tú eras ese reflejo de vida antes de formar parte de la aventura del tiempo.
 

Un reflejo no puede pretender ser otras cosa más que eso: el espejo donde la vida se mira.

Quédate ahí, y sentirás que eres tú el reflejo de Dios (Conciencia), es decir, el hijo de Dios, una imagen exacta y nítida de la Conciencia absoluta.
 

Y como hijo de Dios el paraíso te pertenece, por la eternidad.




3 comentarios:

  1. Muy muy bueno !!!!
    Gran aportación y gran comprensión.
    Gracias amigo

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  2. Muy interesante y muy bueno.
    Una gran aportación .
    Gracias amigo

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Francesca, querida amiga, por seguirme y por valorar lo que escribo. Deseo que te sea de utilidad y lo disfrutes mucho.
      ¡Gracias siempre, un gran abrazo!

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