miércoles, 3 de enero de 2018

VIVIR EN EL PARAÍSO: EL NO TIEMPO


Quienes siguen mis posts notarán que los dos últimos están de alguna forma relacionados entre sí. De igual forma este post nace del anterior, por si alguien desea revisarlo antes de seguir leyendo.

Suelo afirmar que la experiencia humana y la propia existencia están íntimamente unidas a la línea de tiempo.

El tiempo es un tejido que da soporte a la realidad, mientras que ésta es un sistema de creencias y conceptos que llena cada instante del tiempo con sus diseños energéticos (creencias: estructuras de energía).

Todo es energía, y el tiempo también lo es. Es por ello que todo lo que existe tiene un mismo hilo conductor, como una sucesión hilvanada de puntos de energía, todos íntimamente interconectados entre sí.

Obviamente, el tiempo es un despliegue. El despliegue de la experiencia acumulada por toda la humanidad tanto en el pasado como en el futuro, pues todos los instantes de tiempo, pasados o futuros, existen "ahora mismo" y “al mismo tiempo”.

El tiempo dispone de un "sistema" que reparte toda esa gigantesca carga energética humana entre el pasado y el futuro. Ese reparto de cargas da vida a los instantes de tiempo, los activa.

Se asemeja a un salto de agua que mueve una rueda de molino. El agua cae sobre cada escalón de la rueda y le transmite un impulso. Todos los escalones reciben ese impulso, y ese reparto de impulsos hace mover la rueda sin cesar.

El tiempo también es una rueda, y la carga energética (emocional) de la experiencia humana es el agua que le transmite movimiento. Es por ello que los humanos sentimos: para impulsar al tiempo con nuestras emociones.

Ahora, abandonemos todo eso. Soltemos el tiempo. Es obvio que es una especie de “programa” lo que hace que nosotros demos vida al tiempo. Un programa muy bien diseñado. Bien, pero… ¿Y si dejamos de darle vida a ese programa?

Quizás os preguntaréis: ¿Se puede salir del tiempo? Como suelo decir, la respuesta está contenida en la propia pregunta: se puede salir del tiempo.

Más que salir de él, prefiero utilizar el término “dejar de estar en el tiempo”.

Si dejo de estar en el tiempo, ¿Dónde estoy entonces? En el "No tiempo", lógicamente.

El No tiempo es un estado o instancia que no utiliza el tiempo para desplegarse, para avanzar. Es más, no se despliega ni necesita avance alguno. No evoluciona, no soluciona problemas, no vive conflictos (dualidad).

Tal estado no se apoya en la experiencia. No se pregunta nada, porque percibe todo cuanto necesita saber.

Me gusta llamar paraíso a este estado sin tiempo. El paraíso es algo eterno, inalterable, y sobre todo, consciente. El paraíso es un estado consciente de sí mismo, y eso es lo que mejor lo define. Se vive aquí, en la existencia, en tu vida diaria, en presencia de todos tus problemas, o en su ausencia, no importa.

El paraíso está dentro de la densidad humana, así que puedes utilizar al propio tiempo para que te conduzca hasta él. Así es: usas el tiempo para desembocar en el No tiempo, como si fueses el dueño de todo ello.

El “programa” tiene una “ley” que dice: lo denso y lo sutil son opuestos y están separados. Bueno, yo me salto esa ley, sin más. Puesto que sé que soy un reflejo de la Conciencia, sé que tengo su misma capacidad de ser lo que quiera ser. Sé bien que soy un Dios, no un esclavo.

La densidad (la realidad con sus dificultades) solo puede existir si algo muy, muy ligero está presente a su lado, dándole soporte. Ambas están íntimamente conectadas, así que es bien fácil cruzar de una hacia la otra.

¿Qué es eso tan extremadamente sutil que ni se ve, pero que nos rodea constantemente en este mundo denso y material? El aire. Entra y sale de nuestros pulmones, dándole vida a nuestras células en cada movimiento. Pon tu consciencia en ese aire entrando y saliendo de ti, y empiezas a cruzar el puente hacia el paraíso.

Al principio puede que no notes gran cosa, y suele ocurrir que te olvidas de hacerlo, o lo conviertes en un ritual para el que nunca encuentras el momento de realizarlo. Pero respirar no requiere NADA. excepto tu compañía, tu presencia consciente.

Al respirar conscientemente, un elemento sutil y casi imperceptible aparece en el ambiente. Una ligera sensación, un “halo”, un algo indescriptible. Entonces pasas a respirar ese elemento, a sentirlo en tu pecho.

Acabas de poner un tímido pie en el paraíso.

Sientes ese estado inalterable, e inmediatamente él te da más de si mismo. Tú solo siéntelo, y permite que él se encargue de todo. Es como un amor transparente, intangible, pero se siente.

No puedes pretender estar allí. Esto no es un objetivo, no es tangible. Tú eres como la Luna, y permites que el Sol te llene de luz. Sería absurdo querer que esa luz sea tuya. Solo déjate llenar, no hay otra cosa que hacer.

El paraíso es cuando dejas de pretender tener una vida propia, y es la vida la que te tiene a ti, la que te ama como jamás nadie te amó. Ese verdadero y único amor es una transmisión, y te llega cuando sabes que es tuyo, cuando reconoces que tú eres eso y lo sientes.

Lo sientes. Lo sabes, en silencio.

En ausencia de tiempo, no hay ningún lugar a donde ir o algo que conseguir. Todo está ahí, siempre estuvo ahí, y ya no te crees el cuento de que te falta o te sobra algo. Nada se movió de su sitio, jamás te faltó lo necesario.

Y todo esto se da en mitad de tus quehaceres, en mitad de los conflictos que te rodean, cuando tienes una factura en tus manos que necesitas pagar, y no sabes cómo. Y precisamente porque se da en mitad de todo eso, el amor de la vida te cruza y te da la solución bien pegada a la pregunta, sin distancia entre ambas.

Te la da porque has cerrado los ojos y has sentido su vida, y te has sintonizado con ese amor más allá de toda descripción. Te la da porque la has sentido, y al hacerlo te has conectado a ella.

Y ahí, con ese amor que te cruza y te llena, comprendes que el mundo es una luz reflejada, como la belleza de mirar la luna llena.

La miras y te sientes bien, sabes que todo está bien.





2 comentarios:

  1. Esto, que sé hace ya mucho tiempo, se me olvida constantemente. Gracias por recordármelo!!

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    1. Gracias por tu comentario y por leerme, Meli. ¡Es un placer!

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