domingo, 18 de febrero de 2018

ENLAZARNOS CON EL YO DEL MEJOR FUTURO. Parte 1


Cada instante de tiempo contiene dentro de sí todo su escenario, personajes y acciones alojados en el espacio que ocupan, junto con ese mismo espacio ocupado.

Llamo “instante” a la parte más pequeña en que podemos dividir el tiempo. Eso que llamamos "presente" es en realidad una "sucesión de instantes" que se convierten en pasado a cada instante, lo que ya nos indica que el tiempo es un flujo energético sin principio ni final.

Cada instante “posee” ese escenario, va junto con él. Al siguiente instante el escenario se vuelve a repetir, con ciertas variaciones, y así sucesivamente. Nuestra percepción cerebral lo vive como un escenario físico más o menos estático que experimenta variaciones en función del tiempo que transcurre. Pero es justo al revés: cada instante posee su propio escenario, y las variaciones o cambios vienen ya predefinidos para cada escenario de cada instante.

Es como los fotogramas de una película: cada uno de ellos “carga” su escenario al completo, e introduce sus propias variaciones. Es exactamente así, y recordemos que a través del cine hemos creado mundos y realidades utilizando ese sistema.

Por tanto, las variaciones en la realidad -aquello a lo que podemos acceder- van ya incluidas en cada instante de tiempo. Así que se trata de elegir los instantes adecuados por los que transitamos, que contengan todo aquello que más nos haga disfrutar o ser nosotros plenamente.

En este momento estamos en el extremo de una línea de tiempo que, desde nuestra posición, inicia en este preciso instante y conduce hacia algún lugar. Ese lugar suele ser un futuro ya programado, debido a la fuertísima carga energética que tiene cada instante que atravesamos, y que está preparada para enlazarse al siguiente instante de esa línea temporal.

El tiempo está pues enlazado como eslabones en una cadena, con una vinculación energética entre instantes tan fuerte y bien diseñada que no nos deja ningún lugar para la elección individual, aunque nuestra percepción cerebral así lo entienda.

Esto es así porque el cerebro humano está totalmente adaptado para transitar el tiempo sin percibir la verdadera realidad de éste. La percepción pasado-presente-futuro (tiempo lineal) nos mantiene en un estado infantil con respecto a lo real.

Vamos ahora al instante (o conjunto/flujo de instantes) que contiene la mejor posibilidad de futuro para nosotros: aquel escenario con aquel “yo” nuestro donde están realizadas nuestras mejores posibilidades.

Esa es la sucesión de instantes a la que nos interesa llegar. ¿Cómo enlazamos nuestra actual línea de tiempo (o flujo de instantes) con la de nuestro mejor futuro? ¿Podemos hacer algo así, si el tiempo ya está fuertemente programado y nosotros transitando dentro de ese programa?

Sí. Yo contemplo dos pasos: el primero es parar el actual programa. Es decir, detener el programa para que no se siga ejecutando, o dicho de otro modo: parar nuestro flujo del tiempo.

El flujo del tiempo se para cuando dejamos de traer el pasado al instante actual que llamamos presente. El tiempo circula a través de nuestras emociones. Los recuerdos, la carga del pasado, la experiencia vivida… activan las emociones y actúan como imán para la línea de tiempo que transitamos, que se refuerza de esta forma.

Hay que dejar de recordar la historia personal, la que define nuestro rol y nuestra posición en la vida como el efecto de causas anteriores (padres, familia, experiencias…). Dejar de cuestionarnos acerca del pasado, de describirlo y/o revivirlo.

Así el tiempo se va parando, el flujo de esa línea no se alimenta bien, y se debilita.

El segundo paso: cuando la línea actual se encuentra débil podemos enlazarla con aquella que nos conduce a nuestro mejor futuro. Son dos líneas diferentes. El mejor futuro vive en una línea muy sutil y ligera, con muy poca carga, digamos que la necesaria para mantenerse en la materia. Cualquier otra carga es un lastre inútil, y ese "yo" no lo necesita porque su comprensión de la realidad es la más abarcadora posible.

En el extremo del mejor futuro esto es así. En nuestro extremo aún hay mucha carga energética (densidad), así que este enlazamiento solo se producirá si vamos descargando progresivamente nuestra línea. El yo del mejor futuro sabe cómo hacerlo, sabe cómo conducirnos hasta donde él está, y nos mostrará el camino de una forma que solo él comprende y conoce. Mientras tanto nosotros nos enfocamos hacia él soltando la carga del pasado tanto como nos sea posible.

Lo más importante para hacer esto es abandonar las causas de nuestro pasado, los acontecimientos que nos han marcado, las personas que aún recordamos, las razones que mental o emocionalmente justifican nuestro actual estado.

El yo del mejor futuro (junto con su escenario adecuado) ya existe ahora mismo, todas las posibilidades existen. Pero él forma parte de un flujo energético (línea de tiempo) que está lejos del nuestro, en un estado vibratorio (emocional) muy diferente.

Todos estamos muy lejos de ese “yo” porque nos movemos por tiempos muy densos, que nos imponen reglas y nos obligan a aportar densidad y fuerza a esta línea temporal, que funciona de forma colectiva con una fuertísima retroalimentación constante.

De esta forma construimos colectivamente la realidad con esos elementos permanentes de dureza y dificultad en ella, y que nunca van a desaparecer. Solo se transforman en cosas diferentes, pero energéticamente equivalentes.


Describiré el segundo paso más en detalle en un próximo artículo.

Nota: el tiempo tiene muchos más aspectos y formas de funcionar, pero aquí solo he utilizado los necesarios para lo que quería transmitir. Por tanto esto no es una descripción completa del tiempo, sino parcial y breve.

 


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