viernes, 16 de febrero de 2018

LA VERTICALIDAD VACÍA DEL CUERPO


Suelo decir que hablar del Vacío / la Nada / la no existencia es algo absurdo, pues estamos demasiado inmersos en la existencia como para mínimamente poder “salir” y abarcarlo adecuadamente, más allá de palabras o ideas.
En este artículo no me queda más remedio que hablar de ello, así que pido disculpas por la distorsión que esto conlleva y a la que puedo inducir al lector.

Nuestro cuerpo se mantiene vertical (de pie, caminando o sentado) durante el día de forma habitual, y lo ponemos en horizontal por la noche. Durante el día estamos “conscientes”, presentes, y por la noche nos dejamos llevar a un estado que es automático, no presente.

Nuestra respiración es más o menos consciente de día, en vertical, e involuntaria y automática por la noche.

Durante el día solemos realizar nuestra actividad de relación con el mundo. Por la noche, al dormir, deja de haber actividad o relación.

Si llevo todo esto a mi comprensión de ATICO CERO, lo que puedo comprender es lo siguiente:

La posición vertical del cuerpo unido a la capacidad diurna de poder respirar conscientemente hace que el día (o el tiempo en que estemos despiertos) sea el momento de utilizar la voluntad y la posición interior (posicionarse: enfocar nuestra energía personal) para conectarnos a la Fuente de Vida, la Nada, el Vacío.

Para realizar esa conexión tenemos la posición vertical de nuestro cuerpo, que actúa como un puente de comunicación. En concreto me refiero a la línea vertical central del cuerpo, y a nada más que esté a izquierda o derecha de esa línea (por ejemplo el corazón).

Esa línea central conecta el cerebro (mente), el pecho (emoción) y el sistema digestivo (instinto, ausencia de carga). Estas tres partes de nosotros somos nosotros mismos en tres niveles diferentes de expresión. Lo que expresan las tres partes en esa única conexión es una totalidad, es nuestro poder personal en pleno.

Quiero remarcar que no son tres partes diferentes de nosotros, sino tres niveles de expresión que estan alineados y pueden mostrarse juntos, formando así una única expresión (el poder personal).

Esta alineación vertical en nuestro cuerpo se complementa y se encuentra con el Vacío de la no existencia si nos conectamos a él a través de la respiración consciente. 


Nuestra consciencia en la respiración “vacía” esa verticalidad del cuerpo ("el Vacío nos llena"), y nos da la visión o comprensión unificada de todo lo que existe. Es decir: resuelve todo conflicto, porque para el tiempo y neutraliza la dualidad bien-mal a la que nuestras creencias nos tienen tan acostumbrados (reflejadas en el propio mundo).

¿Y qué ocurre por la noche? Justo antes de dormirnos y perder la consciencia de la respiración podemos hacer una entrega a esa conexión vertical, un acto de confianza plena y total en el Vacío, como enlazándonos con él. De esa forma "transitamos" ese estado inconsciente del sueño manteniendo nuestro poder personal.

Al conectar nuestra verticalidad física al Vacío lo que conseguimos es que el propósito del inconsciente colectivo vaya dejando de estar presente o activo en nosotros, con lo que nos vamos “individualizando” de él. Ese propósito es inconsciente, mientras que el Vacío es consciente de sí, y es quien sostiene y expande la vida.


El inconsciente colectivo (el mundo, el universo, el ser humano) obtiene su existencia del Vacío, pero nos moldea con su propósito hasta hacernos creer que nosotros obtenemos nuestra existencia de él.
 

Este es el aparente dilema, la eterna dualidad a la que siempre estamos enfrentados: inconsciencia frente a conciencia.

Y es que al tratar con todo esto el lenguaje se expresa de forma dual, nuestro cerebro también lo comprende así, y todo nuestro sistema de creencias lo sostiene.

Así que atención con ese salto de la inconsciencia a la conciencia, porque es también una apariencia…





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