sábado, 17 de febrero de 2018

OBTÉN LO QUE BUSCAS AL REVÉS


Quiero hablar aquí acerca de una forma muy habitual de relacionarse con la realidad.

Siempre que buscamos, necesitamos o queremos conseguir algo, se establece un orden automático de los factores: primero busco, siento la necesidad o el deseo, me planteo la pregunta o hago un planteamiento de base. Después, tal vez en poco o en mucho tiempo, encontraré la respuesta o aquello que busco. O tal vez no; en todo caso, siempre la pregunta está antes que la respuesta.

O lo que es lo mismo: primero planteo la causa, y después “creo” que vendrá el efecto. Toda búsqueda o necesidad a satisfacer se plantea en ese orden: primero la causa o acción y luego el efecto, reacción o consecuencia.

Parece que mentalmente dibujamos ambas cosas ordenadas o colocadas así en nuestra línea de tiempo imaginada (pasado-presente-futuro). Lo hacemos en base a nuestro conocimiento de la realidad, y también por imitación, pues todo el mundo a nuestro alrededor actúa igual.

Al hacer esto entramos automáticamente en dos de las partes de la realidad más enraizadas en nosotros: la dualidad y el tiempo. Establecemos que existen dos cosas, causa y efecto (dualidad), y abrimos un tiempo (ya sea indefinido o esperado) entre ambas. Nos posicionamos en la plena aceptación de ambas cosas como si de unas reglas de juego se tratasen.

Lo hacemos porque ese es el camino aprendido, y ese camino tiene muchísima fuerza e influencia en nosotros, ya que todo el mundo lo está reafirmando constantemente al seguirlo una y otra vez.

Aunque la verdadera razón de todo esto es que actuamos así porque el tiempo es un diseño o programa, y todo lo que ocurre en él ha sido previamente colocado ahí dentro con anticipación.

La posibilidad que tenemos es la de parar este programa desde dentro de nosotros, y obtener lo que buscamos sin someternos a sus reglas o diseño.

Lo vamos a hacer al revés, comenzando por el final. No vamos a utilizar dos elementos (dualidad), sino uno solo: nos vamos directamente al efecto que buscamos, a aquello que queremos conseguir. Nos posicionamos internamente en ello. Es imprescindible posicionarse desde la emoción, sintiendo aquello que quieres. Si eres capaz de sentirlo, entonces ya lo has localizado en tu mundo sutil. Si lo sientes lo podrás materializar en tu realidad física.

Tampoco nos damos un tiempo para traerlo. Prescindimos de todo plazo de tiempo, salimos de ese diseño. No nos ocupamos de eso. Soltamos cualquier espera o previsión. No utilizamos el tiempo para que éste no nos imponga sus reglas.

Sentir algo significa detectarlo en tu realidad sutil, energética, y darle vida haciéndolo vibrar. Tienes que ponerte eso que quieres conseguir en el centro de tu pecho, y respirar allí con consciencia, con plena atención. Si al hacerlo así lo sientes, vívelo con tu sentir como si ya lo tuvieses en la realidad, exactamente igual.

Si no lo consigues sentir es porque una creencia o emoción ya existente se interponen. ¿Te sientes merecedor de eso que buscas? ¿Crees que puede formar parte de tu realidad?


Cuando encuentres lo que está interfiriendo: reconoce que eso (creencia, emoción o ambas) ha formado parte de ti, acéptalo plenamente (sin resistirte) y toma la determinación de soltarlo o liberarlo.

Así, lo que quieres no lo buscas: ya lo tienes y lo disfrutas en tu sentir, y no es el efecto que dependa de una causa anclada en el tiempo. Está libre de esas densas reglas. Siéntelo como ya existente en tu realidad hasta que aparezca en ella.

Escribo esto para mostrar que existen otras formas de hacer las cosas que no dependen de esas pesadas reglas de juego que se presentan como la opción más evidente y probable.


Aquí solo te invito a un reposicionamiento de ti mismo, abandonando los elementos externos (el tiempo y la creencia madre de todas: la dualidad), soltando todo lo que no esté en tu emoción y tu propia energía sutil, y que no seas tú.




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