viernes, 20 de abril de 2018

LA FUERZA ANTERIOR AL BIEN-MAL


La naturaleza del mundo es existir. La existencia se amplía, se amplifica, se extiende, crece, se expande, se transforma, busca mejorar. Al mismo tiempo se manifiesta la dirección contraria a todo eso: la resistencia, las dificultades, los problemas, el mal, la densidad, la confusión, el miedo…

En mitad de este escenario, siempre dual (dos fuerzas, dos polaridades: el bien y el mal) los seres humanos intentan poner orden constantemente. Es una lucha por unir, ordenar, clasificar, recolocar, crear armonía, establecer un puente que una a ambos mundos.

“Creemos” que de esa dualidad tiene que surgir una “unidad”. Intentamos llegar a una sola cosa (1) a través de hacer algo con esas dos fuerzas (2).

En este intento no nos damos cuenta que lo que vemos como dos fuerzas en realidad era una sola originariamente, pero en cuanto ésta llegó a nosotros la descompusimos, porque la interpretamos. “Leemos” el Uno y lo que entendemos en esa lectura es “dos cosas opuestas”.

Y desde esa posición pretendemos volver al Uno.

Es nada menos que imposible.

Al creador -la mente única de la humanidad de todos los tiempos y todas las posibilidades de la existencia- le ocurre exactamente lo mismo. En su momento vió dos cosas donde solo había una, y así dio paso a la existencia. Creó un universo donde todos jugamos a intentar volver al Uno, partiendo de dos fuerzas separadas entre sí.

Él nos transmitió su error, y a ese error le llamamos “propósito de vida”.

Cada uno de nosotros aportamos nuestro esfuerzo en realizar el propósito que nos fue asignado. Luchamos y nos esforzamos, también fluimos y construimos. Todo ello está promovido por la diferencia de polaridades, igual que la corriente circula por un enchufe conectado a la red eléctrica, gracias a la diferencia de potencial entre ambos polos.

Ese propósito del que todos participamos nunca se llegará a realizar, porque no es real. La Fuente que nos envía esa fuerza que es Uno no está mirando qué hacemos con ella. Al descomponerla en dos e interpretarla así, quedamos automáticamente incomunicados de esa Fuente.

Es como cortar un teléfono móvil con un hacha por la mitad: las dos mitades resultantes no sirven para volverse a comunicar, por más que intentemos recomponerlas.

Si queremos conectar con la Fuente origen de la vida; si queremos salir del conflicto inacabable que provoca la dualidad bien-mal en nuestras vidas, si queremos realmente VIVIR tal y como la Conciencia (la Fuente de Vida) nos imaginó dentro de sí, tenemos que conectar con esa Fuerza JUSTO ANTES de que el filtro de la dualidad la corte en dos, cuando todavía es originalmente Una.

Podemos posicionarnos POR ENCIMA DE LA REALIDAD APARENTE afirmando (individualmente,
interiormente y hacia uno mismo) que todo es una sola Fuerza de Vida, que solo existe una única cosa, que nosotros provenimos de esa Fuerza y que por tanto ella SIEMPRE nos lleva en su expansión, en su Unidad, en su perfección, y así descansamos en ella, en la plena rendición a la Vida más allá de toda existencia, más allá del personaje que somos.

La vida es un VACÍO que no necesita existir dualmente. Lo dual es una creación, una interpretación, y no tiene que ver con la Vida, aunque obviamente parte de ella para poder existir.

Igualmente nosotros también somos un vacío, conteniendo todas las posibilidades de vida. Y seguimos aferrados a una sola: la inconsciencia de trabajar por y para la dualidad.

Así, la lucha entre el bien y el mal continúa, dentro y fuera de nosotros.





domingo, 15 de abril de 2018

LAS RELACIONES Y EL PROPÓSITO QUE LAS MUEVE


Una pareja son dos personas que se encuentran e intercambian sus roles. Cada uno toma el rol del otro, y en cierta medida lo hace suyo. Esto es así porque sabemos -en algún lugar- que somos partes muy pequeñas de un todo mayor, como granos de arena en una playa.

Queremos ir encontrando esas otras partes que hay sueltas por ahí. Al encontrarlas y asumir un poco de ellas, nos sentimos más completos. Hay un propósito global que dirige la humanidad de todos los tiempos, líneas de tiempo y realidades paralelas. Todos esos seres humanos repartidos en todas esas posibilidades de existencia son pequeñas partes de un único propósito.

Por eso nos atraemos. Por eso existe la sexualidad, como una llamada instintiva que pretende reunir diferentes partes de ese todo para reunificar al propósito dividido.

Las interconexiones entre las personas son como las conexiones neuronales de nuestro cerebro. Necesitamos esos vínculos para transmitir y realizar ese propósito. De ahí surgen las relaciones: sexo, pareja, familia, amistad… son diferentes niveles de compartir esa información.

El propósito global necesita esas interconexiones para representarse. Por eso todos comprendemos y asumimos que la vida y las relaciones son dar y recibir, pues ese es el movimiento de doble dirección que necesita el propósito para intercambiar información entre las diferentes partes del todo que es la humanidad.

Sí, la humanidad es un propósito en sí misma, una red neuronal que reparte, divide y subdivide ese propósito para ejecutarlo más fácilmente y con precisión, como una empresa dividida en departamentos y puestos de trabajo.