domingo, 15 de abril de 2018

LAS RELACIONES Y EL PROPÓSITO QUE LAS MUEVE


Una pareja son dos personas que se encuentran e intercambian sus roles. Cada uno toma el rol del otro, y en cierta medida lo hace suyo. Esto es así porque sabemos -en algún lugar- que somos partes muy pequeñas de un todo mayor, como granos de arena en una playa.

Queremos ir encontrando esas otras partes que hay sueltas por ahí. Al encontrarlas y asumir un poco de ellas, nos sentimos más completos. Hay un propósito global que dirige la humanidad de todos los tiempos, líneas de tiempo y realidades paralelas. Todos esos seres humanos repartidos en todas esas posibilidades de existencia son pequeñas partes de un único propósito.

Por eso nos atraemos. Por eso existe la sexualidad, como una llamada instintiva que pretende reunir diferentes partes de ese todo para reunificar al propósito dividido.

Las interconexiones entre las personas son como las conexiones neuronales de nuestro cerebro. Necesitamos esos vínculos para transmitir y realizar ese propósito. De ahí surgen las relaciones: sexo, pareja, familia, amistad… son diferentes niveles de compartir esa información.

El propósito global necesita esas interconexiones para representarse. Por eso todos comprendemos y asumimos que la vida y las relaciones son dar y recibir, pues ese es el movimiento de doble dirección que necesita el propósito para intercambiar información entre las diferentes partes del todo que es la humanidad.

Sí, la humanidad es un propósito en sí misma, una red neuronal que reparte, divide y subdivide ese propósito para ejecutarlo más fácilmente y con precisión, como una empresa dividida en departamentos y puestos de trabajo.




 

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