domingo, 22 de julio de 2018

EL CAMBIO DE CICLO Y LA ESPIRAL DEL TIEMPO


Este artículo es una continuación del anterior, La mutación sexual, que escribí de forma muy espontánea. Vamos a abrir la visión de este tema del cambio de ciclo y ver cómo se forma cada nueva vuelta de la espiral del tiempo apoyándose íntegramente en la anterior.
 

Doy gracias a mi amiga Laura Aguilar de la ciudad de Oaxaca (México) por las preguntas que me hizo en relación al artículo anterior, que me llevaron a una apertura para ver cosas que estaban ahí delante de mí, pero no me había parado a mirarlas.
 

Daré por conocidos algunos de los conceptos que suelo explicar a menudo en Atico Cero para así poder avanzar y profundizar más en el tema de este post.
 

El tiempo, gráfica y sintéticamente hablando, es circular. Es un flujo inmenso de energía en forma de circunvalación o curva muy abierta. Esa energía fluye sin descanso a través de su forma curvada amplia, sin principio ni final. El resultado de ello acaba siendo un movimiento circular en forma de espiral infinita.
 

El tiempo es por tanto un círculo cerrado que se perpetúa a sí mismo sin límite. Es multidimensional, pero vamos a simplificar eso e imaginarlo solo en forma tridimensional.
 

Cada vuelta de la espiral dibujada tiene un único punto de inicio y final, de entrada y salida del flujo energético. Este punto es donde el tiempo -que es un diseño, un programa- saca su “mecanismo de generación”, su forma precisa de abrir un nuevo círculo de la espiral y traspasar la energía emocional que transporta desde el círculo viejo al nuevo.
 

Nosotros estamos justo ahora en ese marco temporal, en esa ventana de tiempo que es el punto de inicio y final de ciclo. Llevamos décadas en este tránsito, y calculo muy aproximadamente que nos quedan entre 10 y 15 años para traspasar ese punto e instalarnos plenamente en lo nuevo.
 

Pero es difícil hablar de fechas de futuro, porque en este punto de inicio y final el tiempo cambia su comportamiento habitual e incorpora tensiones y presiones que alteran la realidad aparente. Se asemeja a un coche que circula a velocidad por una curva y el conductor se ve sometido a una inercia lateral que no existía cuando circulaba por la carretera recta.
 

Volvamos al “mecanismo de generación”. ¿Qué supone para una máquina de precisión como es el tiempo cerrar un ciclo y abrir otro en este punto tenso de final e inicio?
 

El flujo del tiempo va cargado de una inmensidad de energía emocional que impregna las estructuras energéticas de la realidad para darles vida, presencia, existencia, movimiento. La realidad no podría existir sin este “baño” constante de emoción, como el agua que riega las plantas y las llena de vida.
 

Para que el diseño del tiempo pueda abrir un nuevo ciclo en la espiral necesita traspasar íntegramente toda la energía emocional del ciclo antiguo al nuevo, como si un sistema de canalización tuviese que desviar el caudal de agua de un río a otro, sin perder una gota.
 

Veamos cómo lo hace, y veámoslo reflejado en nuestra realidad aparente, porque recordemos que los únicos generadores de energía emocional para sostener la existencia del universo somos los seres humanos. Tal es nuestra función, para la que hemos sido “creados” por el creador y señor del tiempo: el inconsciente colectivo, conocido y adorado como “Dios” porque todos intuimos que él nos ha creado y que tiene el poder y el control del universo (porque él es el universo, aunque no es Dios).
 

El caudal de energía que ya ha recorrido el círculo viejo ha generado experiencia emocional, acumulada a través del tiempo. Esa experiencia es lo que nosotros buscamos tan ávidamente: cosas, objetos, personas, acciones o situaciones que se comuniquen con nosotros emocionalmente y nos “extraigan” esa energía emocional que pasará a formar parte del flujo global del tiempo, regando y alimentando la realidad.
 

Por esta razón la realidad aparente no es más que un sistema de pura comunicación emocional; al igual que el anzuelo con gusano de un pescador no es un verdadero alimento para el pez, sino una realidad disfrazada que pretende mostrarnos algo que resulta atrayente ocultando sus verdaderas intenciones.
 

Ese caudal emocional tiene que volver a pasar por experiencias y situaciones que sean capaces de atraerlo, de comunicarse con él, de hacer que nosotros queramos volver a vivir ese flujo emocional montado sobre una realidad nueva, renovada, que nos invite a relacionarnos emocionalmente, a actuar e implicarnos.
 

Entonces el tiempo diseña un cambio mayoritario de escenario, guion y personajes. Pero lo diseña SIEMPRE en base al concepto madre que da soporte y sentido a toda la existencia: la dualidad. Toma el escenario anterior y lo polariza: lo lleva de un lado al otro de la dualidad.
 

Es decir: lo viejo lo hace nuevo, lo oculto lo hace salir a la luz, lo minoritario de repente se vuelve mayoritario, lo socialmente acordado se convierte en un desacuerdo general que puede llevar incluso al enfrentamiento.
 

Todo lo que hemos vivido apoyándonos en un solo aspecto de la dualidad (por ejemplo, el bien, el amor…) está preparado para pasar al otro lado de ésta y convertirse en la polaridad contraria -o también en una mezcla de ambas. La dualidad le viene muy bien al tiempo para construir nuevos escenarios y experiencias que ofrecernos.
 

Es por ello que en mis cursos siempre digo que no existe evolución ni desarrollo de ningún tipo en el mundo, sino tan solo cambios de polaridad dual montados sobre ciclos que se abren y cierran, pero que son siempre el mismo ciclo, el mismo círculo cerrado ofreciéndonos variaciones.

Es decir, no existe (casi) nada que sea realmente nuevo, porque cada círculo nuevo se ha diseñado a partir del anterior. Por eso el futuro siempre es una repetición del pasado.

La aparición de algo que fuese totalmente nuevo supondría una anomalía no controlada ni incluida en el programa del tiempo, y un potencial peligro para éste y su funcionamiento.
 

Las variaciones del nuevo círculo nos parecen nuevas solo porque las comparamos con el escenario del que venimos, y ese contraste de diferencia que percibimos nos provoca un movimiento emocional -interés, impacto, sensación de renovación, de nueva etapa, de que lo anterior se queda anticuado, etc.
 

Lo que llamamos “evolución” o “progreso” es en realidad un escenario diseñado solo para emocionarnos, diseñado para “activar” y refrescar todo ese río de energía emocional que constantemente nos cruza y nos “obliga” a canalizarlo. De esta forma lo social, lo grupal, lo emocionalmente colectivo se superpone absolutamente a lo individual.
 

Es imposible ser individual mientras estás enraizado en el flujo del tiempo. La gigantesca fuerza energética de arrastre del tiempo es como un caudal descomunal de un enorme río que te arrastra con su corriente, y (casi) nadie ha tenido “tiempo” (valga la chistosa redundancia) en su vida para establecer una posición individual fuera de éste.
 

Así que… entramos en cada nuevo ciclo mordiendo el anzuelo de pleno, creyéndonos todo lo que vemos porque el colectivo nos lo transmite como válido; y nosotros lo abrazamos y aceptamos porque necesitamos sentirnos parte de ese colectivo y que nos haga llegar su propósito de vida. Es nuestra droga emocional, sin la cual nos sentiríamos perdidos y sin escenario ni guion, ya que nadie nunca nos enseñó a funcionar de otra forma.
 

En el nuevo ciclo lo que antes era mayoritario y pierde esa posición en favor del escenario emergente (por ejemplo: la medicina oficial frente a la nueva medicina natural, cuántica, bioenergética, terapias alternativas...) se mantiene presente muchas veces. Esto es así por dos razones:
 

En primer lugar, porque concretamente el concepto de la salud forma parte directa de la identidad del ser humano, y cambiar ese concepto a nivel social supone también un cambio de identidad para cada individuo, y eso requiere tiempo de transición. El nuevo escenario le hace un hueco a lo viejo, recolocándolo, y lo mantiene para poder jugar con ese trasvase de identidad.
 

En segundo lugar, porque el hecho de que lo viejo y lo nuevo coexistan en el mismo tiempo provoca una diferencia de potencial, un enfrentamiento mental “viejo-nuevo” que mueve nuestro mundo emocional, y resulta rentable para el tiempo. Como cuando enchufamos un aparato a la corriente, con su enchufe de dos clavijas: la corriente circula entre ambas gracias a que las dos están presentes y juntas.
 

Si un escenario muere a favor de otro nuevo que nace (por ejemplo, China hizo morir su enraizado comunismo para convertirse en economía emergente) es también otra forma de utilizar la dualidad en su aspecto más profundo de identidad humana: la vida frente a la muerte. La muerte de un escenario apoya y justifica la vida del siguiente, es una ley que nadie cuestionará porque todos se identifican con ella.

Nota: todos los círculos de la espiral son creados al mismo tiempo ya que su creador no está dentro de él, por tanto no necesita "tiempo" para crear el tiempo. Pero he dejado este comentario para el final por no confundir al lector en su comprensión.
 

Dejo aquí el tema para no alargar más este extenso post.

En mi próximo artículo responderé a mi amiga Laura a su pregunta de ¿Qué nos traerá el nuevo ciclo? de forma más concreta.
 

Muchas gracias de corazón Laura, Oaxaca y México por vuestra inspiración.



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