sábado, 14 de diciembre de 2019

LA ENERGÍA INCOMPRENDIDA


En el sistema de creencias humano hay un acuerdo global con respecto al concepto de la energía. Se acepta masivamente que todo es energía o está compuesto de ella, y que lleva una cualidad (programación) implícita que nosotros podemos cambiar.

Es decir, que hay una energía de cualidad “buena” porque nos beneficia, otra de cualidad “mala” porque nos perjudica, y también hay energía mezclada con ambos estados.

Para cambiar la cualidad energética de una situación tenemos técnicas que van desde las puramente físicas y que actúan a partir de la materia o el cuerpo (medicina tradicional, yoga, dietética), hasta las más sutiles que influyen sobre los campos energéticos y sus cualidades directamente (constelaciones familiares, reiki, sanación).

Esto es un breve resumen que todos conocemos. Globalmente podemos decir que casi todas las técnicas, creencias, filosofías, métodos y formas de abordar un problema buscan CAMBIAR LA CUALIDAD ENERGÉTICA de ese problema, situación, persona o acontecimiento. ¿Por qué?

Porque tenemos globalmente el propósito de ir hacia el bien. Es decir, hay un acuerdo social general de mejorar, progresar, evolucionar, crecer… Lo sentimos como parte de la propia vida, de su naturaleza expansiva, y es verdad que así es. Pero nosotros lo hemos convertido en un propósito, y para que un propósito se realice necesita un lugar de partida y otro de llegada, un origen y una meta. El problema es el origen, y la solución es la meta.

Estamos constantemente moviéndonos desde problemas hacia soluciones, de la carencia hacia la abundancia, del miedo hacia el amor, de la pregunta hacia su respuesta… Nuestra vida está totalmente entregada y dedicada a ello.

También es cierto que hay una parte de la sociedad que funciona al revés, con el mal como meta: el que saca un arma y dispara a sus vecinos, el político que malversa fondos que pertenecen a un bien común, quien engaña a su pareja con un amante, un ladrón profesional…

Ya sea que vayamos del bien hacia el mal o en sentido inverso, es exactamente el mismo funcionamiento: la energía está “dividida” en dos grandes cualidades (bien y mal, por elemental que parezca) y nos movemos constantemente de una hacia la otra.

Somos maestros expertos en el arte de aplicar soluciones y métodos que funcionen (unos más que otros, también dependiendo de cada persona y situación a tratar), y a muchos se les valora como excelentes profesionales por ello. Admiramos a aquellos que encarnan el propósito común de la mayoría.

Sin embargo, después de siglos resolviendo problemas y conflictos de todo tipo, una y otra vez nos vemos obligados a enfrentar otros nuevos que van apareciendo. Y así seguirá siendo, porque seguimos absolutamente aferrados a ese propósito de movernos de un polo hacia el otro.

No nos vamos a rendir jamás, ¿verdad? Todo lo hacemos en nombre del bien, del progreso, de un futuro mejor para la humanidad…

Si alguien lee entre líneas habrá notado que el conflicto de base que quiero mostrar es el automatismo humano de dividir la energía en dos polaridades totalmente distintas, opuestas y enfrentadas, y en algunos casos complementarias. Ni que decir tiene que el pasado y el futuro son también parte de esa división, debido a la forma aferrada en que nos relacionamos con ellos.

Todo el mundo se ha lanzado sin pensar al propósito de ir hacia una de esas polaridades, tomando como evidencia incuestionable que el bien y el mal son dos energías distintas en esencia.

Y no es así. El bien y el mal son DOS CUALIDADES DISTINTAS DE UNA SOLA COSA QUE ES LA ENERGÍA. Solo hay una energía, es la misma que sostiene toda la realidad, aunque lleve vestidos diferentes para diferentes ocasiones.

La energía es una sola sustancia. Ahí reside la creencia tan extendida de que todo es Uno, de que Dios está en todo, de que el universo es amor… Y al mismo tiempo ponemos una barrera infranqueable a ser ese Uno cuando separamos y discriminamos a la energía por la cualidad que lleve asociada.

No tenemos ni idea de lo que es RESPETAR la naturaleza de la energía, COMPRENDER su origen -atemporal y más allá de la existencia-, y aún menos PERMITIR que la energía se exprese EN LIBERTAD sin tensarle la cuerda con nuestras divisiones.

ATICO CERO, mi proyecto personal de vida y profesional, se basa en abrir posibilidades (casi o totalmente desconocidas) que nos permiten posicionarnos en un punto o espacio que es neutro con respecto al movimiento y las cualidades de la energía.

Se trata de saber relacionarse con el Uno que es la energía con el RESPETO, LIBERTAD Y COMPRENSIÓN que merece la Conciencia Original (Dios) que habita en ella.

Esto lo materializo con cuatro posiciones principales:

1. La comprensión global de la realidad y el tiempo, y sus estructuras de funcionamiento.

2. El estado de "emoción neutra" que aportan la respiración consciente, la verticalidad del cuerpo y nuestro centro emocional del pecho.

3. La técnica que llamo "Percepción Periférica de la Realidad", un interruptor neuronal que libera la mente y afloja los lazos energéticos con la realidad y con nuestro personaje (ego) en cuestión de segundos.

4. La comunicación con una realidad paralela gemela a la nuestra, cuya naturaleza es no dual, completamente autónoma y de una potencialidad inimaginable. Nos permite llenarnos de sus características y vivir nuestro día a día envueltos en un espacio neutro, radiante y creativo.

En este último punto, aclaro: estoy hablando de recibir el apoyo de un universo paralelo al completo, que es como un dios en sí mismo. Su nombre es "Solar" y en breve lo presentaré. He trabajado con él en el último año y medio, “aterrizando” algunas características suyas que nos son de enorme ayuda aquí.
 

Ese es, por mi parte, el despliegue creativo para generar un principio de solución al conflicto de la existencia humana.
 

Un conflicto que da vueltas en la rueda del tiempo desde que tenemos uso de razón. Y puesto que el tiempo es un programa cíclico y repetitivo, tiene todas las posibilidades de seguir sobreviviendo por los siglos de los siglos.

Así hasta que aparezca un “hacker” capaz de abrir una brecha que interrumpa el programa, o un verdadero maestro que consume la obra de transformar masivamente la inconsciencia en conciencia… Todo es posible.

Por el momento la humanidad sigue en su estado habitual de niños jugando en un jardín de infancia, imaginando ser los héroes que han conquistado el mundo.

Tal vez la Conciencia Una nos mira de reojo desde el vacío, de vez en cuando. Y al vernos tan entretenidos y ocupados en nuestros juegos, sonreirá y asumirá que estamos “bien”.

Mientras tanto aquí, seguiremos disfrutando.

Javier Betorz
www.aticocero.com
www.facebook.com/ATICOCERO
javier@aticocero.com

Conferencias | Cursos | OneCoaching | Lectura de Sueños





jueves, 12 de diciembre de 2019

VIVIR SIN CONFLICTOS


Imagina que despiertas en tu cama por la mañana.
 

Y antes incluso de levantarte y poner un pie en el suelo, eres capaz de desplegar a tu alrededor un "espacio unificado" donde el bien y el mal no pueden estar, ni tampoco interactuar contigo desde fuera o desde tu interior.

Es un espacio neutro, de bienestar, donde tus emociones se muestran sin verse forzadas a tomar partido por la alegría o por la tristeza, por recibir amor o por no sentirse merecedor. Eres tú sin filtros, sin influencias.

Te levantas y tomas tu café y tu desayuno.
 

Comienza tu día, y sabes que la realidad no vendrá a buscarte con un imprevisto que ahonde en tu impotencia frente a ella: una pérdida de dinero, un familiar accidentado, una situación que te perjudica, un rechazo emocional que duele…

Sabes que no habrá conflictos QUE TE AFECTEN, porque en ese espacio que ahora te rodea no pueden vivir (ni alimentarse) cargas energéticas de polaridad opuesta.

La realidad se da perfecta cuenta de que no estás disponible para que ella pueda jugar a su juego favorito: enfrentar situaciones, ya sea dentro o fuera de ti.
Pero no puede hacer nada para entrar en ese espacio tuyo, porque esta realidad que nos envuelve no está diseñada para manejar espacios donde no existan “diferencias de potencial” energético.

Ese espacio unificado que imaginaste abrir al comenzar tu día te tomó apenas unos segundos, o tal vez un minuto o dos. Es decir, casi no utilizaste el factor tiempo. Cuando nuestras acciones, emociones o pensamientos no se despliegan a lo largo del tiempo, la realidad no puede llegar a nosotros. Quedamos casi fuera de su alcance.

Nuestra relación con la realidad aparente -nuestros recuerdos buenos y malos, nuestras emociones y esperanzas futuras y nuestras reacciones hacia ella- solo puede existir en base al tiempo.

Si no hay tiempo no hay conflicto, y la realidad no puede involucrarte en él. Estás prácticamente fuera de su influencia, mientras tu conciencia se mantenga despierta.

Es más, quien se acerque a ti sentirá en alguna medida que irradias ese espacio, donde la armonía y el bienestar son la base de la comunicación. Lo sentirán incluso a distancia.

Les estarás dando lo que todos anhelan: amor. Un amor que no “busca” dar o recibir; tan solo se mantiene centrado, a la espera, irradiando armonía, extendiendo sus manos.

¿Te gusta imaginarte así? Puedo decirte que ese espacio existe, es ocupar una posición en la realidad que casi la neutraliza.

Es una toma de conciencia del Uno dentro de un mundo dual que olvidó que era Uno, y sufre por ello.

Ese espacio se llama Atico Cero: la realidad y el tiempo anclados en neutro.

Como los grandes barcos anclados en un puerto, casi sin moverse.

Bienvenidos al Paraíso.





martes, 10 de diciembre de 2019

EL AMOR NO NOS NECESITA


Los seres humanos creemos tener la capacidad, el poder y el derecho a tomar decisiones o emprender acciones hacia el amor.
Creemos que podemos cerrarnos porque tuvimos una mala experiencia. Que podemos interferir en una relación de amor existente. O tomar la decisión de alejarnos de él; o el derecho a buscarlo y seleccionarlo según nuestras condiciones.

No podemos comprender la naturaleza del amor si ni siquiera sabemos qué hacemos en el mundo, si apenas ni salimos de nuestra constante lucha para sobrevivir a la batalla entre el bien y el mal que día tras día revivimos.

El amor nace en un lugar que NO EXISTE. Es decir, su origen está más allá de nosotros y de todo lo que podemos percibir. Un lugar que es nada y es todo, que nos está pidiendo rendir nuestra soberbia ante su inmensidad, estar desnudos y humildes ante la absoluta grandeza de aquello que nos da la vida.

El amor no necesita nuestras decisiones, nuestra pequeñez, nuestra experiencia.
No tenemos ninguna experiencia ni hay ninguna decisión a tomar frente a la inabarcable vida que somos.

El amor entra por nuestra puerta cuando él y sólo él sabe que es el momento perfecto, dada su perfecta naturaleza. ¿Hay aquí alguien que sepa tanto o más que el propio amor, y le quiera dar lecciones?

Preferimos aferrarnos al dolor del pasado y al miedo al futuro antes que rendir nuestro personaje humano y aceptar RELACIONARNOS EN LIBERTAD con el amor, que es la única forma posible de vivirlo.
Y es que no vivimos nada bien el paso del tiempo, así que le echamos la culpa a éste si no nos entregamos con la inocencia de un niño cuando sentimos amor.

El amor no necesita que yo crea que estoy en el momento adecuado para vivirlo. Eso es ponerse por encima de él.

El amor no necesita que yo exhiba mi lista de condiciones ideales bajo las cuales aceptaré amar a alguien.

El amor no necesita que yo decida acerca de mis lazos familiares, porque ese amor que allí fluye se basta y se sobra a sí mismo.

Nacemos de la Nada, y jugamos a ser alguien en el mundo. Pero cuando el amor llama a mi puerta, me olvido de quién soy y me arrodillo ante él, porque es mi Padre-Madre quien me llama, la Fuente de la que yo emano, siendo ambos sagrados por igual.

Y me abro incondicionalmente.

El amor decide por mí. Yo le sigo, incorporando su grandeza, sin hacer una sola pregunta.





sábado, 20 de abril de 2019

EL DINERO SUTIL ES MI AMANTE


Este texto es una de mis experiencias personales resultante de aplicar la Percepción Periférica de la Realidad (PPR), una herramienta de enfoque que presenté en mi anterior artículo (haz clic aquí para acceder a él).
 

Salgo de casa, cruzo el portal de mi edificio y se abre ese amplio y variado escenario externo que es la calle. Una vez más, un día más, el teatro de la realidad exterior comienza a brillar, cobra vida al verme aparecer. Soy la energía que necesita para seguir sobreviviendo, y va a mostrarme muchas cosas para poder captar mi atención.
 

Su regla es reforzar mi identidad: sabe que mi mente se comparará con muchos de sus aspectos, y que mi corazón buscará aquello que siempre anhela, que desea perseguir, rechazar o aceptar, merecer o culparse.
 

La realidad es un programa de ingeniería, y yo soy una de sus instrucciones a ejecutar dentro de su organigrama. Ella me trajo aquí, me crió y me dio una identidad humana a la que aferrarme. Ella es mucho más grande y compleja que mi diminuto personaje, compuesto de creencias adoptadas y emociones duales.
 

Está acostumbrada a ejecutar su gran poder, y eso la hace vulnerable a mis ojos, adaptados para verla con una mirada diferente.
 

Un día, esa mirada mía tomó una forma que nunca antes se había mostrado tan eficaz en mi trato diario con la realidad.
 

A esa forma la llamo Percepción Periférica de la Realidad (PPR).
 

Empiezo a caminar por la calle. El escenario circundante me detecta… y de repente, me pierde de vista. Medio desaparezco ante sus ojos. Se crea un ligero vacío en su programa, una pequeña pero inesperada brecha.
 

He abierto mi percepción periférica. Mi cerebro se enfoca en los límites de la realidad global, a enorme distancia física y energética de estas calles que me rodean. Percibo esos límites, respiro, y una sensación de descanso me llena enseguida. Mi personalidad (realidad interior) se calma, pasa a segundo plano. La mente se relaja y se entretiene recordando una canción, como un niño feliz. Algo global en mí se desarma, caigo en una paz idílica, dejo en parte de sentirme humano. Y no quiero volver atrás.
 

Mi percepción me está llenando de la única conciencia posible: la que surge más allá de nuestros límites, fuera de esa burbuja que llamamos universo. Tal conciencia es un vacío autoconsciente que nos permite flotar en su vastedad. Y puedo ir a ese límite en apenas segundos, semi neutralizando el programa de la realidad.
 

Lo real: algo tan gigantesco, tan poderoso… y resulta que tenemos un botón que la frena en su ineludible y constante interacción con nosotros. Todos llevamos ese botón de serie, pero (casi) nadie se da cuenta, porque el espacio-tiempo es una elaborada obra de diseño que magistralmente te va llevando siempre hacia donde quiere.
 

Sin esa comunicación paso desapercibido, y me siento bastante libre y ligero. Aquí podemos empezar a hablar de un principio de libertad REAL, fuera de la necesidad de "creer" que somos libres.
 

Sigo en la PPR, percibiendo el encaje del mundo dentro del vacío. Es muy fácil quedarse ahí, es un placer inexplicable, sentido y también físico, y me entrego a ese placer. Me recorre el cuerpo desde la cabeza hasta los pies, y desde ahí se extiende hacia la tierra.
 

Estoy rozando los límites de lo cognoscible, como si mi cerebro emitiese ondas que chocan contra esos límites, y vuelven a mí transformadas en conciencia vacía de intención. Es como placer mezclado con ausencia, un sentir difícil de describir.
 

He estado muchas veces ahí, como un caracol que utiliza sus cuernitos para palpar la superficie de una hoja. Más allá de nuestros límites está el informe Campo de posibilidades potenciales puras, de donde la realidad extrae todo lo que necesita. A cada posibilidad  que incorpora le imprime su sello de “conflicto existencial humano” y lo pone a nuestro alcance, para mantenernos desenfocados y productivos.
 

Y, casi desde la primera vez que estuve allí, sentí y percibí una fuente que irradiaba un amor incondicionalmente tierno y abarcador. Mi corazón se rindió a esa fuente, y no tardé un segundo en comprenderla: era la raíz sutil del dinero, su esencia original, antes de ser tomado como concepto por la humanidad, y llenado con la desesperada persecución que los seres humanos volcamos en él, volviéndolo denso y vulgar.
 

La creencia de que el dinero es un invento humano es una muestra más de nuestra soberbia, y de ahí no pasa. El dinero es un regalo de vida que nos da la Conciencia para expresar el pulso expansivo de la vida en nuestra existencia. El dinero es hijo de la Conciencia pura, y se te muestra cuando vas a buscarlo a su lugar de origen y te dejas llenar por su amor.
 

Así, de tanto ir a visitarle, me convertí en su amante, en el receptor de su inefable e indescriptible naturaleza, pura, simple, abierta, que nada pide y todo te da, porque él es todo y nada al mismo tiempo. No sabe de riqueza ni pobreza, ni dualidad alguna. Vive íntegro, irradia amor como el Sol irradia calor, sin ocuparse de a dónde va a parar ese calor / amor, sin necesitar recibir nada de nadie.
 

Es AMOR, y te quedas mudo cuando sientes que te llega al corazón y te penetra por completo.
 

Si el Campo de posibilidades que nos rodea es como un depósito de semillas por plantar, el dinero es tal vez la única semilla que fue plantada ANTES de llegar a nosotros. Y esa ANTERIORIDAD lo convierte en el comodín de Dios, un regalo de naturaleza divina, como un faro en nuestra oscuridad.
 

Poco le duró ese faro a la humanidad. Nuestra ferocidad por sobrevivir acabó con su luz, y creó una nube densa que es la que actualmente llamamos “dinero”.
 

Aquí abajo perseguimos el dinero esforzándonos hasta agotarnos, matamos y robamos por conseguirlo, nos seducimos unos a otros con tal de atraerlo. No hemos comprendido nada, somos presa de nuestra propia densidad, de nuestra eterna estupidez imitativa.
 

Allí arriba el dinero sigue regalando su amor, su inagotable abundancia de amor incondicional, y cada día guardo un bendito instante de tiempo para visitarle y bañarme en él, para sentirle y dejarme amar; y ese amor inunda como agua limpia cada poro de mi existencia.
 

Aquí y ahora, mientras camino por la calle, estoy inundado del amor que me regala, y a veces me caen lágrimas de sentir su dulce abrazo.
 

Me acerco a una tienda de fruta para comprar unas manzanas. Pongo unas monedas en la mano de la mujer que me las vende. Y justo ahí el dinero sutil y el físico se interconectan, a través de mí…

Un único haz, que me hace sentir que cielo y tierra jamás fueron cosas separadas.





domingo, 7 de abril de 2019

LA PERCEPCIÓN PERIFÉRICA: LIBERARSE DE LA DENSIDAD QUE ATRAPA


Este artículo está escrito para todo el público, ya sean seguidores habituales de Atico Cero (A0) o bien me lean por primera vez.

Antes de entrar de lleno en este significativo tema, hago una aclaración respecto al título.

Aparentemente este título es dual, como todo en esta realidad lo es: "yo" y "la densidad que atrapa", son dos. "Liberarse" (uno mismo, el yo) de "algo que aprisiona", son dos cosas también. En la realidad aparente (todo lo que nos rodea, incluido nuestro interior) y en nuestra percepción esto es así. Pero no parto de esta base dual cuando escribo, sino que la utilizo para acomodarme al lenguaje mental-emocional que interconecta a escritor con lector, o lo que es lo mismo, al transmisor con el receptor.

Así aprovecho esta conexión existente, y desde ahí intento llevar al receptor-lector hacia un terreno anterior a esa dualidad manifestada. Es en ese terreno donde la comprensión cabal de lo que escribo puede tener lugar. Yo, como transmisor, establezco las condiciones adecuadas: creo un contenedor capaz de contener el sutil contenido que expongo. Recibir e integrar lo que transmito pertenece solo a quien lo recibe.

Percepción y perceptor, existencia y no existencia, es todo la misma cosa. Y se puede sentir así. Cuando hablo acerca de liberarse de la densidad estoy tan solo describiendo un elemento integrado en un todo.

En un sueño nocturno, por ejemplo, los personajes, escenarios y acciones que en él se despliegan no son elementos que se puedan separar del propio sueño. Todos comparten la misma naturaleza única.

Así, los diferentes elementos de los que voy a hablar -yo, la liberación, la densidad de la realidad- son todos componentes de un único sueño, una única película u holograma.

Partiendo de esta base entramos ya en el tema del artículo.

Voy a dar mi propia definición acerca de qué es la densidad de la realidad: son todos aquellos acontecimientos o situaciones que nos atrapan en mayor o menor grado, que nos obligan o condicionan a reaccionar, hacer o aceptar cosas en contra de nuestra voluntad. Esto no solo ocurre en el exterior sino también dentro de nosotros: patrones de comportamiento, actitudes inconscientes, emociones conflictivas, confusión, excitación…

La densidad es un flujo muy magnético: toneladas de energía de baja vibración diseñada con el propósito de conducir a la humanidad hacia un futuro más que probable, inevitable y diseñado con antelación. No se trata de ninguna teoría conspiratoria, va muchísimo más allá: es la naturaleza profunda inconsciente del alma colectiva humana la que ha diseñado ese propósito y ese nivel de densidad.

En la vida diaria podemos apreciar esta densidad muy claramente. Veamos algunos ejemplos:

  • Un accidente de coche.
  • Un imprevisto que nos obliga a cambiar los planes que habíamos hecho.
  • Levantarte por la mañana y sentirte deprimido sin causa aparente.
  • Un problema en la familia que afecta a todos.
  • Un deseo que siempre te acompaña y nunca se cumple.
  • Sentir que tu vida es repetitiva y carece de metas y sueños.
  • Sentirte triste y no comprender porqué.

Todos sabemos que hay muchísimas situaciones así, tanto dentro de nosotros como en el exterior.

A veces tenemos la sensación de que lideramos nuestra vida, estamos motivados y hay fluidez. Otras veces los acontecimientos o estados de ánimo toman el control y nos obligan o presionan.

Así se muestra la dualidad. En ocasiones los acontecimientos van una dirección, y otras veces en la contraria. Y la mayoría de las personas son llevadas como veletas a través de ella, sin que casi nadie sepa muy bien qué hacer al respecto.

Buscamos y encontramos soluciones parciales, parches y remedios, técnicas, métodos o conocimientos para afrontarlo con mayor o menor éxito. Pero todos sabemos que la realidad densa y la línea de tiempo, que conducen a la humanidad a repetir e intensificar los mismos errores una y otra vez, son quienes tienen el verdadero control de todo, quienes marcan el camino. Un camino claramente inconsciente.

Hay diversas maneras de abordar esto desde Atico Cero. Voy a describir mi más nueva forma de hacerlo. Llegó a mi vida recientemente, como una consecuencia lógica y natural a partir de mi propia trayectoria de comprensión de la realidad y del tiempo que es A0.

Veámoslo globalmente. Nosotros formamos parte de la realidad. Ésta, como entidad única que es, se comunica con nosotros por canales de comunicación perfectamente sólidos y establecidos. Así se asegura de que recibamos cada mensaje que nos envía. Esta comunicación es emocional, y lleva la dualidad ya incorporada.

Cuando la densidad-dualidad nos es comunicada, previamente ya formaba parte de la estructura de la realidad, pero ésta necesita que nosotros recibamos impresiones emocionales de todo ello, para que las amplifiquemos con nuestro centro emocional y así le ayudemos a construirse y perpetuarse.

Todo gira en torno a contenidos emocionales que difícilmente podemos evitar recibir y transmitir. Intentar parar esta comunicación es entrar de nuevo en el propio juego de la dualidad: yo, como entidad separada del mundo, intento esquivar su influencia. Así no conseguiremos más que autoengañarnos. Y la realidad cuenta con ello, por supuesto.

Mi propuesta es no pretender actuar sobre esa comunicación ni sobre sus contenidos. Dejo esa interacción con el mundo totalmente intacta, y me conecto con el CONTENEDOR que está conteniendo a esa comunicación y a esos contenidos.

Es decir: me voy a los límites de la realidad, tomándola en toda su dimensión, como si fuese una enorme caja que realiza la función de contener y favorecer intercambios emocionales entre sus diferentes partes.

La percepción periférica es enfocar nuestra capacidad de percepción en los límites de la realidad, en sus paredes, suelo y techo, simbólicamente hablando. Esto hace que percibamos al contenedor por encima de sus contenidos, como si nos pusiéramos a su misma altura, y en esa posición la realidad no nos puede gobernar, porque no puede hacernos llegar sus impresiones emocionales. Y tampoco puede retroalimentar nuestra dualidad ya asumida.

Quedamos en un estado neutro, libre, suelto, no dirigido ni enfocado desde afuera o desde dentro. La densidad deja de llegar a nosotros para llenarnos, y tampoco nuestra identidad-personalidad recibe alimento, con lo que queda neutralizada en buena parte.

Se minimiza esa retroalimentación emocional con el mundo. Seguimos formando parte de él, pero los acontecimientos y mensajes emocionales no vienen a buscarnos. Y entonces empiezas a sentir algo que quizás nunca antes habías experimentado: el vacío dentro de ti, la sensación de conciencia sin identidad, la paz que no puede ser descrita como paz, porque es una presencia consciente, silenciosa.

La realidad tiene límites, sí. Por muy grande que pueda ser el universo y estar en constante expansión, él y todos los universos paralelos que nos podamos imaginar, junto con todas las posibles dimensiones y líneas de tiempo que existan, todo está contenido dentro de los límites de la realidad. Es en esos límites donde acaba la realidad-existencia y comienza el Campo de posibilidades (arbitrariamente conocido como campo cuántico). Ese límite es como una playa: a un lado la arena, y en el otro lado el mar y las olas.

Es fácil imaginar que, si llevamos la percepción a esa frontera, donde la dualidad y todo lo que existe queda disuelto, estamos percibiendo la fuerza única de la Conciencia del Campo, que no se parece en nada al mar de fuerzas desatadas que llenan nuestro día a día.

O, dicho de otra forma: estamos percibiendo nuestra verdadera naturaleza.

Algo que me gusta mucho de la percepción periférica es que funciona tanto hacia el mundo exterior como hacia nuestro interior. Así que, si tienes depresión, ansiedad, o simplemente tus emociones están activas sin que ocurra nada afuera, se neutralizarán. En mi caso personal esto ocurre pocos minutos después de llevar mi percepción a la periferia. Y siento un gran alivio al notar que lo que me transmitian mi mente y mis emociones no era real.

Esta forma de percibir se puede conectar o desconectar a voluntad. Se tardan escasos segundos en entrar o salir de ella. De hecho, es una función natural que está incorporada en nuestro cerebro. Forma parte de nuestra naturaleza esencial, pero está en estado latente para que no podamos ser conscientes de quienes somos verdaderamente.

La realidad tiene materializadas una enorme cantidad de posibilidades y de variables contenidas en ellas. Es gigantesca, pero limitada. Nunca añade ni quita ninguna, tan solo las hace rodar y las combina para generar cambios de apariencia que estimulen nuestras emociones y nos hagan sentir.

Cuando utilizas la percepción periférica quedas semi desconectado de esa rueda de posibilidades, estás en un lugar fronterizo que es un punto débil en los canales de comunicación de la realidad. Ahí, desde esa posición, ves, comprendes, SIENTES la paz que no tiene opuesto, y recuperas tu derecho al vacío; tu derecho a no ser obligado a reaccionar emocionalmente hacia la realidad y sus exigencias.

Desde ahí empiezas a comprender lo que es la verdadera libertad: ser un recipiente que se llena o se vacía por decisión propia. Y cuando digo “propia” quiero decir que casi deja de haber algo que resulte ajeno. Ya apenas encuentras dos fuerzas en juego.

Al no haber casi fuerzas en oposición, lo que queda es amor. El amor que no tiene opuesto. Y vacío. El vacío que es plenitud de vida.

¿Cómo se conecta y se utiliza la percepción periférica de la realidad? Es muy sencillo, fácil, natural e intuitivo. Está a disposición de todos, y su capacidad de transformación y liberación es ilimitada.

En breve grabaré un vídeo explicando en detalle cómo realizarla.

Muchas gracias por tu atención.




viernes, 8 de marzo de 2019

AUTOEXPRESION EMOCIONAL: DE LO HUMANO A LO DIVINO


Quienes me siguen pueden ver que a menudo comienzo mis artículos recordando algunas de las bases de Atico Cero, a modo de punto de partida. Así que, para ubicar el título de este artículo en el contexto adecuado, repasemos primero el lugar que ocupa la emoción en nosotros y en el entorno.
 

La emoción es el propio movimiento que activa, hace fluir e imprime acción a la energía.
 

A menudo pensamos en la energía como corrientes fluidas, cambiantes, como ríos que interactúan constantemente, o como puntos de emisión sin más. Es así, sí, pero olvidamos cómo está organizada toda la energía que forma la existencia, el mundo, la realidad.
 

Para que la energía fluya de un lugar a otro primero tienen que existir esos dos lugares. Ellos son estructuras energéticas, es decir, energía organizada. Tales estructuras son el "esqueleto" de la materia y de los planos que la acompañan (emociones, pensamientos, programas globales de funcionamiento, etc.). Les llamamos creencias cuando están ya polarizadas por el efecto de la dualidad. Y les llamamos conceptos cuando todavía no han pasado por ese filtro de polarización.

Un concepto es, por ejemplo, la pareja. Es la semilla original, creativa y disponible para ser utilizada si sientes unirte con alguien. Si quieres tener pareja y crees firmemente en esa forma de vivir, entonces pasa a ser una creencia, porque le has añadido un propósito, y es algo "bueno" para ti. Y si eres de los que prefiere estar solo y no quiere tener pareja, has adoptado la creencia de "no creer" en ello. Has filtrado el concepto como "no es adecuado para mi".

Por tanto, los conceptos dan lugar a las creencias. Y aquí vemos que el concepto mantiene su esencia unificada, sin divisiones, mientras que la creencia es en sí una división del concepto y por tanto es portadora de un conflicto; una semilla que, al anidar en nosotros, dará un fruto conflictivo, acorde a su naturaleza dual.
 

Tenemos la idea de que una creencia es algo que los humanos adoptamos, consciente o inconscientemente. Pero es al revés: la creencia es una estructura o entidad energética con vida propia (energía acumulada en torno a un propósito concreto), ávida de supervivencia, que nos toma a nosotros para instalarse en nuestro interior y recibir nuestras emociones. Las necesita para poder existir, para cobrar vida y entrar en acción.

Todo lo que existe en el mundo está formado por una creencia, alimentada con emociones generadas por seres humanos de todos los tiempos (pasado y futuro de la humanidad al completo), dado que pasado y futuro están existiendo ambos al mismo tiempo. Esto hace que la creencia guarde una cantidad gigantesca de emoción dentro de sí, y disponga de una fuerza, densidad y concentración de energía que le proporcionan un gran poder sobre nosotros. Las creencias son los grandes "ejecutores" de la realidad y los perfectos aliados del tiempo.
 

Y con esto quiero dejar muy claro que jamás existió ni existirá en este planeta (que es el escenario en el que nos desenvolvemos) una época o segmento de tiempo en el que no estén presentes los seres humanos; o están físicamente en ese espacio y ese tiempo, o están mirando y observando allí desde otro espacio-tiempo.
 

Esto es así porque el ser humano es el único capaz de generar la emoción que la estructura de la materia necesita para poder existir y actuar como tal. Los animales, las plantas y el propio planeta sí tienen emociones, pero las generan a partir de las nuestras. Hacen algo parecido a la Luna con respecto al Sol: reflejan lo que somos.
 

Los únicos seres capaces de generar emoción somos nosotros. Por eso el planeta, la vida en él y los acontecimientos son tan cambiantes: porque reflejan nuestras emociones.
 

Hasta aquí mi repaso de introducción. Ahora centrémonos en la emoción humana.
 

Llamo AUTOEXPRESION a la emoción pura y original que un ser humano es capaz de generar en un estado no filtrado por la dualidad. Por ejemplo: la emoción del amor. En muchas ocasiones (que apenas nos damos cuenta), cuando surge la emoción del amor en nosotros por primera vez respecto a algo o a alguien, surge sin decantarse hacia lo bueno ni lo malo. Es un amor “neutro”, que no toma partido hacia el miedo o hacia la euforia.
 

Al poco de nacer una emoción en nuestro interior, algunas de las creencias alojadas en nosotros irán hacia ella para alimentarse. No son exactamente depredadores o parásitos; son entidades que necesitan vivir y alimentarse, y de ellas depende la propia existencia material del mundo. Pero a efectos prácticos se puede decir que nos parasitan para poder crecer y seguir viviendo. Quien creó la realidad nos colocó a nosotros en ella para cumplir esta función generadora, así que esto es parte de la descripción global de cómo funcionan las cosas en la materia.
 

La forma en que una creencia se alimenta de nuestras emociones es polarizándola. Cada creencia se combina íntimamente con la creencia base de la dualidad, y genera una nueva emoción polarizada, que se superpone a la emoción pura original que había salido de nuestro pecho.

Una emoción polarizada se puede parasitar muy bien porque está fuera de todo centro o neutralidad. Pero una emoción pura autoexpresada está fuera del alcance de cualquier entidad, mientras se mantenga en el espacio neutro central de nuestro pecho. Ese espacio es así mismo el no tiempo, el verdadero presente, que solo puede existir fuera de la rueda del tiempo.
 

Por ejemplo: cuando nos enamoramos de alguien. Muchas veces la primera emoción de amor que sentimos es pura y original nuestra. Otras veces, si la persona está aferrada al mundo y a su identidad, nos podemos enamorar a partir de emociones contaminadas que arrastramos de otras cosas vividas. En este caso, si iniciamos una relación desde ahí, todo lo que generemos y recibamos emocionalmente será puro alimento para las creencias, y ellas literalmente poseerán la relación y su fluir.
 

Si conectamos desde el principio con una emoción pura en nuestro interior y tenemos esta comprensión de que es nuestra, es el inicio de un proceso maravilloso: la autoexpresión de nuestro amor. Esa emoción no irá a buscar una polaridad, siempre y cuando nosotros nos mantengamos en nuestro punto neutro emocional.
 

El punto neutro emocional es el centro del pecho, dentro de la línea vertical imaginaria que cruza nuestro cuerpo longitudinal y centralmente. ”Neutro” significa que no está decantado hacia el bien (positivo) ni hacia el mal (negativo). Nuestras emociones se autoexpresan cuando las mantenemos en el pecho y no las llevamos a la cabeza. Y diría más: se autoexpresan cuando no les añadimos ninguna intención ni propósito.
 

La alineación vertical del cuerpo conecta el cerebro (mente), el centro del pecho (emociones, intuición), los intestinos (instinto) y los órganos sexuales (creatividad). Estos cuatro centros están alineados para expresar siempre una sola cosa, sin divisiones. Es una característica de nuestra naturaleza divina, que el creador de la realidad-mundo tuvo que respetar forzosamente para poder traernos aquí.

Si mantenemos nuestra emoción pura surgiendo del centro del pecho, los otros tres centros la tomarán de ahí y la amplificarán, manteniéndola unificada y expandiéndola. Si, siguiendo la presión que ejercen las creencias para poder alimentarse, "empujamos" ese amor puro hacia la cabeza o hacia la energía sexual, ese empuje lo contaminará y entonces las creencias tomarán el control.
 

En nuestra sociedad actual se han desarrollado tanto las creencias que estimulan la mente que tenemos ese centro muy alterado y contaminado, y basta que empecemos a pensar acerca de lo que sentimos para que esa alteración mental condicione completamente nuestra pureza.
 

En el escenario del mundo el ser humano es la parte más visible y tangible del lugar de donde procede toda la existencia: la no existencia, el Vacío autoconsciente. Yo le llamo “el verdadero Dios”. Es la Conciencia original, la Fuerza de Vida.

Cuando sentimos emociones puras y las autoexpresamos, nos alineamos de forma natural con esa Conciencia del Vacío. Y ahí empezamos a recuperar y recordar nuestra naturaleza divina, como células integrantes de ese vacío, que jamás necesito crear un mundo ni su materia, porque Él ya es un todo en sí mismo, a la par que es nada.
 

Y en última instancia esa es nuestra verdadera autoexpresión: la nada.
 

En ella ni siquiera hay paz, porque no es necesaria.

Nada allí es necesario.

Allí, la nada es el absoluto todo, como una indescriptible y maravillosa emoción sin color, inexpresable con palabras, inolvidable para el corazón.



viernes, 1 de marzo de 2019

EL TIEMPO CREA LA REALIDAD HUMANA

En mi post anterior describí algunas de las características que se dan cuando la rueda del tiempo cierra su gran ciclo, para volver a generar uno nuevo.

En este vamos a repasar aspectos fundamentales  acerca de cómo la realidad, el tiempo y el ser humano están relacionados y conectados entre sí.

El tiempo tiene una forma de funcionar aproximadamente circular, giratoria. Es como un gran programa con una cantidad enorme de variables. Toda la realidad se sustenta en el tiempo, y los seres humanos somos una parte integrada en ambos. Mientras permanezcamos en esta forma de integración solo podemos experimentar ese número limitado de variables, debido a que el tiempo es un mundo cerrado, un programa que se ejecuta de principio a fin de forma cíclica, invariable y eterna.
 

El Campo de posibilidades es la frontera entre el tiempo y el no tiempo (vacío, la no existencia). Esta frontera es el resultado del encuentro entre el mundo existente y el vacío no existente. El vacío pone a disposición del mundo TODAS las posibilidades en estado de potencial, de semilla. Cada una de ellas es en sí una fuerza única, es decir, no dual.
 

El tiempo se creó a sí mismo utilizando solo unas determinadas posibilidades de todas las que el Campo le ofrece. Se diseñó para cubrir dos funciones o necesidades básicas: la primera, dar soporte a la realidad y al mundo físico. La segunda, proporcionarle a la realidad física características de movimiento e interacción; es decir, diferencias de potenciales (dualidad) para que la energía fluya constantemente de unos potenciales hacia otros.
 

Este fluir constante es lo que llamamos e-moción (e: energía; moción: movimiento). Las diferentes partes de la realidad se comunican a través de estados emocionales. Para generar esos estados el tiempo cuenta solo con un número limitado de posibilidades; así que provoca cambios, variaciones o mutaciones a dichas posibilidades, estimulando a la energía para que se mueva de unos potenciales hacia otros. El resultado es que hay acción, ocurren cosas, porque la energía detecta esos cambios y fluye hacia ellos.
 

Entonces vemos desarrollarse el espectáculo al que estamos bastante acostumbrados: partes de la realidad se mueven de la paz hacia la guerra, de la quietud hacia el movimiento, de la carencia hacia la abundancia, del dolor hacia el placer, etc. Ocurre dentro de nosotros, en el exterior, a pequeña escala, a nivel mundial… Pero si nos fijamos veremos que son siempre los mismos ingredientes mezclados o renovados, generando combinaciones que dan la impresión de ser nuevas.
 

La emoción es el lenguaje común al que podemos reducir todo lo que ocurre, ocurrió y ocurrirá en el planeta. Cada experiencia, estado o evento contiene siempre los mismos ingredientes: placer, dolor, abundancia, carencia, expansión, conflicto, dificultad, avance… Esas son las posibilidades fijas de que dispone el tiempo. Éste, al girar, toma esas posibilidades y las mezcla entre sí, las renueva, les cambia su aspecto o su potencial energético, todo bajo el propósito de que los seres humanos reaccionen e interactúen emocionalmente hacia ellas.
 

Cada vez que nosotros damos una respuesta emocional, la realidad la recibe como un alimento que se "inyecta" en el sistema global de creencias y conceptos, dando así estabilidad y continuidad al mundo físico, a la existencia.
 

Sin nuestra respuesta o reacción emocional la materia se descompondría, no tendría la aparente solidez que muestra. La materia son estructuras energéticas muy fuertes y sólidas, perfectamente definidas y diseñadas, pero incapaces de dinamizarse y moverse por sí mismas. Así que el tiempo actúa como un río energético que constantemente “baña” a la materia -y a todas las dimensiones de la realidad- con el "lubricante" de las emociones.
 

Tenemos claros ejemplos de esto: la realidad cotidiana muestra en sus detalles el reflejo de cómo son las estructuras que la sostienen. Una semilla de un árbol contiene en sí misma todo el despliegue y el diseño que dará lugar al árbol, pero necesita que al agua la riegue y despliegue ese potencial, dinamizándolo. Así también la realidad es de naturaleza dual porque utiliza dos elementos en combinación para autogenerarse: creencias / conceptos (estructura energética) y emoción (dinamización de la energía).
 

Imaginemos el proyector de un cine en plena proyección de una película. El motor del proyector es el corazón del tiempo: hace que los fotogramas (que son estáticos por sí mismos) cobren movimiento y tengan continuidad, generándose así la realidad aparente que muestra la proyección. Es ese movimiento de la película el que induce y provoca reacciones emocionales en nosotros.
 

Por eso a nuestra realidad cotidiana la llamo “aparente” o “inducida”. Vemos como es el movimiento del río del tiempo el que nos presenta las líneas de experiencias (argumento de la película) que “extraerán” de nosotros las reacciones emocionales necesarias para que todo siga funcionando como tal.
 

La función de la realidad es provocarnos emociones, y nuestra función es generarlas. El ser humano es la pieza clave de la realidad. Todo lo que nos rodea es un gigantesco escenario que solo busca nuestra implicación emocional.
 

Llegando a este punto quiero aportar una visión que de claridad a la presencia y participación del ser humano en la realidad.
 

El único propósito y sentido de que estemos en este mundo es el que ya he apuntado: ser generadores de emoción. No hay ningún otro. Pero para que esto fuese posible, la mente única -que genera y gobierna la realidad- tuvo que crear a la humanidad a partir de la más pura esencia del Campo de posibilidades: la Conciencia, el origen de todo, el verdadero y único Dios.
 

Y así nos formó, en base a una “imagen y semejanza” de la Conciencia original. Lo que significa que somos dioses, omnipotentes y omniscientes en nuestra esencia. La mente única nos introdujo en su creación de realidad (la existencia), y nos aplicó sus reglas del juego. Nos colocó el disfraz de seres humanos, haciéndonos olvidar nuestra condición divina, para someternos plenamente a su juego de creación. Nos dio una identidad con la que identificarnos plenamente. Nos proporcionó un entorno dual que es la clara expresión de su propio conflicto existencial.
 

La “mala” noticia es que el ser humano es un esclavo débil en un mundo de entidades energéticas gigantescas y dominantes.
 

La “buena” noticia es que nuestra naturaleza divina sigue intacta en nosotros.
 

Si has tenido el interés de leer hasta aquí, puedo decirte que Atico Cero se ocupa de la posibilidad de soltar la identidad humana para abrazar y percibir nuestra naturaleza verdadera.
 

Esto se consigue, por una parte, a través de la comprensión del funcionamiento de la realidad y del tiempo; y por otra, tomando una nueva posición en este escenario que nos permita movernos individualmente; sin carga, sin densidad, sin estar atados a la mente colectiva y al sistema de creencias (o lo menos que sea posible), y enraizados en nuestra naturaleza esencial.

Hasta convertirnos en la mejor posibilidad y el mejor futuro de nosotros mismos.
 

Bienvenida/o a Atico Cero, la comprensión que libera.



viernes, 15 de febrero de 2019

EL FINAL DEL CAMBIO DE CICLO


Llevamos bastantes años viviendo un cambio de ciclo de tiempo. Me refiero al ciclo más grande que puede describir la rueda del tiempo, y que engloba en sí a cualquier otro ciclo temporal menor conocido.
 

El tiempo es una expresión o movimiento circular, simbólicamente hablando. Este círculo está programado para hacer siempre lo mismo, utilizando una cantidad de variables gigantesca, pero todas ellas delimitadas y definidas previamente.
 

El círculo del tiempo se abre y se cierra siempre en el mismo punto. Una vez completado un giro / recorrido completo de ese círculo, se cierra para abrirse de nuevo, como si en una obra de teatro llegase el momento de cambiar de acto, implicando el cambio de escenario, guion, vestuario, actores…
 

Todo ello se lleva a cabo mezclando variables. Nunca se introduce un elemento realmente nuevo: todos los cambios vienen a partir de generar variaciones sobre lo ya existente.
Eso “ya existente” son las posibilidades que el inconsciente colectivo se bajó del Campo de posibilidades (el mal llamado campo cuántico), cuando la rueda del tiempo se generó por primera vez. Aquel conjunto “original” de posibilidades determinó el contenido del tiempo, el cual es el soporte y la raíz de nuestra realidad conocida.
 

Son esas posibilidades las que se repiten una y otra vez durante toda nuestra vida, y jamás abandonan a la humanidad: violencia, carencia, armonía, enfermedad, éxito, fracaso, miedo, amor, odio, vida, muerte, conceptos, creencias, etc., etc.
 

El final e inicio de ciclo se extiende décadas en el tiempo. No hay una medida concreta de ese tiempo, porque en esta operación de cierre y apertura del ciclo se generan tensiones y movimientos del rio del tiempo un tanto forzados, como si un coche circulase por una curva cerrada a gran velocidad. Por tanto los ajustes que el tiempo hace en sus variables son tensos, intensos, cambiantes, radicales, acelerados, conducentes…
 

Recordemos que el tiempo es un inmenso rio de energía programada. No es humano, así que él no está sufriendo por realizar esos ajustes, ni tampoco le importa si la humanidad se resiente al recibirlos. El tiempo -y la realidad al completo- se alimenta de la emoción humana, así que todas las emociones que generemos a causa de ese cambio, sean del signo que sean, son combustible para él.
 

El tiempo tan solo es la máquina que el inconsciente colectivo humano utiliza para realizar su propósito, que es el verdadero motor de la existencia y de la realidad.
 

Estamos ya en la recta final de estas décadas de cambios que hemos vivido. Esto implica que en breve los nuevos escenarios de salida estarán completados, con nuevos personajes y tendencias, acuerdos sociales renovados… Todo dirigido por un guion muy transformado pero que utiliza siempre el mismo argumento de base: la dualidad bien-mal.
 

En los próximos años vamos a notar que, muy gradualmente, toda esta libertad-libertinaje de “hago lo que me da la gana” y este aparente campo abierto que ha supuesto para muchos permitirse la incoherencia (afirmar algo para luego hacer lo opuesto), el tomar ventaja y aprovecharse de que todo vale porque los valores sociales ya apenas existen… Todo este oportunismo practicado por muchísimas personas carentes de poder personal, acabará.
 

La energía ha estado muy abierta durante estos años, porque lo que ha estado ocurriendo ha sido exactamente lo que el tiempo quería: que los humanos adoraran al “vellocino de oro” del libertinaje y le entregaran sus emociones. Y los seres humanos, tan carentes de poder y de verdadera autonomía, se han entregado a ese cambio hasta convertirlo en su propia identidad.
 

Al llegar este final de ciclo la energía volverá a cerrarse, encerrando a cada ser humano y cada grupo o colectivo social en el papel que tan inconscientemente han elegido durante dicho final.
 

Pondré algunos ejemplos para que se comprenda mejor. Si la apertura de estos años y tu soberbia te han llevado a ir de pareja en pareja y evitar la entrega emocional, entonces ya no podrás salir de ahí. Quedarás atrapado en ese bucle, será muy difícil poder salir de esa área de experiencia para experimentar otras cosas en relación a eso. El nuevo escenario ya estará definido, y tú serás el personaje que vibra en perfecta sintonía para seguir representando tu inconsciente papel.
 

O… tal vez elegiste juntarte con personas de poder y posición, para tomar de ellos y dejarte llevar, sacando ventaja de esa situación y evitar así ser tu propio dueño de tu vida. El escenario se está acabando de formar y te va a costar salir de allí el día que te canses de ser dependiente de otros. En ese nuevo escenario no tendrás esa oportunidad, y el colectivo te asignará ese papel probablemente para el resto de tu vida.
 

Sea donde sea que uno se haya colocado en estos años, corre el riesgo de quedar atrapado allí. Y la sensación de “todo vale y todas las puertas están abiertas” desaparecerá. El tiempo retomará su recorrido más “normal” después del inicio del nuevo ciclo, y los papeles para el nuevo acto estarán ya asignados, con posibilidades reducidas de cambiar eso.
 

El tiempo está tomando sus decisiones. Y la humanidad, en su inmensa mayoría, son los actores inconscientes elegidos por esas decisiones.
 

Aunque la falsa soberbia y autoconfianza de muchos pretenda demostrar lo contrario…