viernes, 1 de marzo de 2019

EL TIEMPO CREA LA REALIDAD HUMANA

En mi post anterior describí algunas de las características que se dan cuando la rueda del tiempo cierra su gran ciclo, para volver a generar uno nuevo.

En este vamos a repasar aspectos fundamentales  acerca de cómo la realidad, el tiempo y el ser humano están relacionados y conectados entre sí.

El tiempo tiene una forma de funcionar aproximadamente circular, giratoria. Es como un gran programa con una cantidad enorme de variables. Toda la realidad se sustenta en el tiempo, y los seres humanos somos una parte integrada en ambos. Mientras permanezcamos en esta forma de integración solo podemos experimentar ese número limitado de variables, debido a que el tiempo es un mundo cerrado, un programa que se ejecuta de principio a fin de forma cíclica, invariable y eterna.
 

El Campo de posibilidades es la frontera entre el tiempo y el no tiempo (vacío, la no existencia). Esta frontera es el resultado del encuentro entre el mundo existente y el vacío no existente. El vacío pone a disposición del mundo TODAS las posibilidades en estado de potencial, de semilla. Cada una de ellas es en sí una fuerza única, es decir, no dual.
 

El tiempo se creó a sí mismo utilizando solo unas determinadas posibilidades de todas las que el Campo le ofrece. Se diseñó para cubrir dos funciones o necesidades básicas: la primera, dar soporte a la realidad y al mundo físico. La segunda, proporcionarle a la realidad física características de movimiento e interacción; es decir, diferencias de potenciales (dualidad) para que la energía fluya constantemente de unos potenciales hacia otros.
 

Este fluir constante es lo que llamamos e-moción (e: energía; moción: movimiento). Las diferentes partes de la realidad se comunican a través de estados emocionales. Para generar esos estados el tiempo cuenta solo con un número limitado de posibilidades; así que provoca cambios, variaciones o mutaciones a dichas posibilidades, estimulando a la energía para que se mueva de unos potenciales hacia otros. El resultado es que hay acción, ocurren cosas, porque la energía detecta esos cambios y fluye hacia ellos.
 

Entonces vemos desarrollarse el espectáculo al que estamos bastante acostumbrados: partes de la realidad se mueven de la paz hacia la guerra, de la quietud hacia el movimiento, de la carencia hacia la abundancia, del dolor hacia el placer, etc. Ocurre dentro de nosotros, en el exterior, a pequeña escala, a nivel mundial… Pero si nos fijamos veremos que son siempre los mismos ingredientes mezclados o renovados, generando combinaciones que dan la impresión de ser nuevas.
 

La emoción es el lenguaje común al que podemos reducir todo lo que ocurre, ocurrió y ocurrirá en el planeta. Cada experiencia, estado o evento contiene siempre los mismos ingredientes: placer, dolor, abundancia, carencia, expansión, conflicto, dificultad, avance… Esas son las posibilidades fijas de que dispone el tiempo. Éste, al girar, toma esas posibilidades y las mezcla entre sí, las renueva, les cambia su aspecto o su potencial energético, todo bajo el propósito de que los seres humanos reaccionen e interactúen emocionalmente hacia ellas.
 

Cada vez que nosotros damos una respuesta emocional, la realidad la recibe como un alimento que se "inyecta" en el sistema global de creencias y conceptos, dando así estabilidad y continuidad al mundo físico, a la existencia.
 

Sin nuestra respuesta o reacción emocional la materia se descompondría, no tendría la aparente solidez que muestra. La materia son estructuras energéticas muy fuertes y sólidas, perfectamente definidas y diseñadas, pero incapaces de dinamizarse y moverse por sí mismas. Así que el tiempo actúa como un río energético que constantemente “baña” a la materia -y a todas las dimensiones de la realidad- con el "lubricante" de las emociones.
 

Tenemos claros ejemplos de esto: la realidad cotidiana muestra en sus detalles el reflejo de cómo son las estructuras que la sostienen. Una semilla de un árbol contiene en sí misma todo el despliegue y el diseño que dará lugar al árbol, pero necesita que al agua la riegue y despliegue ese potencial, dinamizándolo. Así también la realidad es de naturaleza dual porque utiliza dos elementos en combinación para autogenerarse: creencias / conceptos (estructura energética) y emoción (dinamización de la energía).
 

Imaginemos el proyector de un cine en plena proyección de una película. El motor del proyector es el corazón del tiempo: hace que los fotogramas (que son estáticos por sí mismos) cobren movimiento y tengan continuidad, generándose así la realidad aparente que muestra la proyección. Es ese movimiento de la película el que induce y provoca reacciones emocionales en nosotros.
 

Por eso a nuestra realidad cotidiana la llamo “aparente” o “inducida”. Vemos como es el movimiento del río del tiempo el que nos presenta las líneas de experiencias (argumento de la película) que “extraerán” de nosotros las reacciones emocionales necesarias para que todo siga funcionando como tal.
 

La función de la realidad es provocarnos emociones, y nuestra función es generarlas. El ser humano es la pieza clave de la realidad. Todo lo que nos rodea es un gigantesco escenario que solo busca nuestra implicación emocional.
 

Llegando a este punto quiero aportar una visión que de claridad a la presencia y participación del ser humano en la realidad.
 

El único propósito y sentido de que estemos en este mundo es el que ya he apuntado: ser generadores de emoción. No hay ningún otro. Pero para que esto fuese posible, la mente única -que genera y gobierna la realidad- tuvo que crear a la humanidad a partir de la más pura esencia del Campo de posibilidades: la Conciencia, el origen de todo, el verdadero y único Dios.
 

Y así nos formó, en base a una “imagen y semejanza” de la Conciencia original. Lo que significa que somos dioses, omnipotentes y omniscientes en nuestra esencia. La mente única nos introdujo en su creación de realidad (la existencia), y nos aplicó sus reglas del juego. Nos colocó el disfraz de seres humanos, haciéndonos olvidar nuestra condición divina, para someternos plenamente a su juego de creación. Nos dio una identidad con la que identificarnos plenamente. Nos proporcionó un entorno dual que es la clara expresión de su propio conflicto existencial.
 

La “mala” noticia es que el ser humano es un esclavo débil en un mundo de entidades energéticas gigantescas y dominantes.
 

La “buena” noticia es que nuestra naturaleza divina sigue intacta en nosotros.
 

Si has tenido el interés de leer hasta aquí, puedo decirte que Atico Cero se ocupa de la posibilidad de soltar la identidad humana para abrazar y percibir nuestra naturaleza verdadera.
 

Esto se consigue, por una parte, a través de la comprensión del funcionamiento de la realidad y del tiempo; y por otra, tomando una nueva posición en este escenario que nos permita movernos individualmente; sin carga, sin densidad, sin estar atados a la mente colectiva y al sistema de creencias (o lo menos que sea posible), y enraizados en nuestra naturaleza esencial.

Hasta convertirnos en la mejor posibilidad y el mejor futuro de nosotros mismos.
 

Bienvenida/o a Atico Cero, la comprensión que libera.



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