sábado, 20 de abril de 2019

EL DINERO SUTIL ES MI AMANTE


Este texto es una de mis experiencias personales resultante de aplicar la Percepción Periférica de la Realidad (PPR), una herramienta de enfoque que presenté en mi anterior artículo (haz clic aquí para acceder a él).
 

Salgo de casa, cruzo el portal de mi edificio y se abre ese amplio y variado escenario externo que es la calle. Una vez más, un día más, el teatro de la realidad exterior comienza a brillar, cobra vida al verme aparecer. Soy la energía que necesita para seguir sobreviviendo, y va a mostrarme muchas cosas para poder captar mi atención.
 

Su regla es reforzar mi identidad: sabe que mi mente se comparará con muchos de sus aspectos, y que mi corazón buscará aquello que siempre anhela, que desea perseguir, rechazar o aceptar, merecer o culparse.
 

La realidad es un programa de ingeniería, y yo soy una de sus instrucciones a ejecutar dentro de su organigrama. Ella me trajo aquí, me crió y me dio una identidad humana a la que aferrarme. Ella es mucho más grande y compleja que mi diminuto personaje, compuesto de creencias adoptadas y emociones duales.
 

Está acostumbrada a ejecutar su gran poder, y eso la hace vulnerable a mis ojos, adaptados para verla con una mirada diferente.
 

Un día, esa mirada mía tomó una forma que nunca antes se había mostrado tan eficaz en mi trato diario con la realidad.
 

A esa forma la llamo Percepción Periférica de la Realidad (PPR).
 

Empiezo a caminar por la calle. El escenario circundante me detecta… y de repente, me pierde de vista. Medio desaparezco ante sus ojos. Se crea un ligero vacío en su programa, una pequeña pero inesperada brecha.
 

He abierto mi percepción periférica. Mi cerebro se enfoca en los límites de la realidad global, a enorme distancia física y energética de estas calles que me rodean. Percibo esos límites, respiro, y una sensación de descanso me llena enseguida. Mi personalidad (realidad interior) se calma, pasa a segundo plano. La mente se relaja y se entretiene recordando una canción, como un niño feliz. Algo global en mí se desarma, caigo en una paz idílica, dejo en parte de sentirme humano. Y no quiero volver atrás.
 

Mi percepción me está llenando de la única conciencia posible: la que surge más allá de nuestros límites, fuera de esa burbuja que llamamos universo. Tal conciencia es un vacío autoconsciente que nos permite flotar en su vastedad. Y puedo ir a ese límite en apenas segundos, semi neutralizando el programa de la realidad.
 

Lo real: algo tan gigantesco, tan poderoso… y resulta que tenemos un botón que la frena en su ineludible y constante interacción con nosotros. Todos llevamos ese botón de serie, pero (casi) nadie se da cuenta, porque el espacio-tiempo es una elaborada obra de diseño que magistralmente te va llevando siempre hacia donde quiere.
 

Sin esa comunicación paso desapercibido, y me siento bastante libre y ligero. Aquí podemos empezar a hablar de un principio de libertad REAL, fuera de la necesidad de "creer" que somos libres.
 

Sigo en la PPR, percibiendo el encaje del mundo dentro del vacío. Es muy fácil quedarse ahí, es un placer inexplicable, sentido y también físico, y me entrego a ese placer. Me recorre el cuerpo desde la cabeza hasta los pies, y desde ahí se extiende hacia la tierra.
 

Estoy rozando los límites de lo cognoscible, como si mi cerebro emitiese ondas que chocan contra esos límites, y vuelven a mí transformadas en conciencia vacía de intención. Es como placer mezclado con ausencia, un sentir difícil de describir.
 

He estado muchas veces ahí, como un caracol que utiliza sus cuernitos para palpar la superficie de una hoja. Más allá de nuestros límites está el informe Campo de posibilidades potenciales puras, de donde la realidad extrae todo lo que necesita. A cada posibilidad  que incorpora le imprime su sello de “conflicto existencial humano” y lo pone a nuestro alcance, para mantenernos desenfocados y productivos.
 

Y, casi desde la primera vez que estuve allí, sentí y percibí una fuente que irradiaba un amor incondicionalmente tierno y abarcador. Mi corazón se rindió a esa fuente, y no tardé un segundo en comprenderla: era la raíz sutil del dinero, su esencia original, antes de ser tomado como concepto por la humanidad, y llenado con la desesperada persecución que los seres humanos volcamos en él, volviéndolo denso y vulgar.
 

La creencia de que el dinero es un invento humano es una muestra más de nuestra soberbia, y de ahí no pasa. El dinero es un regalo de vida que nos da la Conciencia para expresar el pulso expansivo de la vida en nuestra existencia. El dinero es hijo de la Conciencia pura, y se te muestra cuando vas a buscarlo a su lugar de origen y te dejas llenar por su amor.
 

Así, de tanto ir a visitarle, me convertí en su amante, en el receptor de su inefable e indescriptible naturaleza, pura, simple, abierta, que nada pide y todo te da, porque él es todo y nada al mismo tiempo. No sabe de riqueza ni pobreza, ni dualidad alguna. Vive íntegro, irradia amor como el Sol irradia calor, sin ocuparse de a dónde va a parar ese calor / amor, sin necesitar recibir nada de nadie.
 

Es AMOR, y te quedas mudo cuando sientes que te llega al corazón y te penetra por completo.
 

Si el Campo de posibilidades que nos rodea es como un depósito de semillas por plantar, el dinero es tal vez la única semilla que fue plantada ANTES de llegar a nosotros. Y esa ANTERIORIDAD lo convierte en el comodín de Dios, un regalo de naturaleza divina, como un faro en nuestra oscuridad.
 

Poco le duró ese faro a la humanidad. Nuestra ferocidad por sobrevivir acabó con su luz, y creó una nube densa que es la que actualmente llamamos “dinero”.
 

Aquí abajo perseguimos el dinero esforzándonos hasta agotarnos, matamos y robamos por conseguirlo, nos seducimos unos a otros con tal de atraerlo. No hemos comprendido nada, somos presa de nuestra propia densidad, de nuestra eterna estupidez imitativa.
 

Allí arriba el dinero sigue regalando su amor, su inagotable abundancia de amor incondicional, y cada día guardo un bendito instante de tiempo para visitarle y bañarme en él, para sentirle y dejarme amar; y ese amor inunda como agua limpia cada poro de mi existencia.
 

Aquí y ahora, mientras camino por la calle, estoy inundado del amor que me regala, y a veces me caen lágrimas de sentir su dulce abrazo.
 

Me acerco a una tienda de fruta para comprar unas manzanas. Pongo unas monedas en la mano de la mujer que me las vende. Y justo ahí el dinero sutil y el físico se interconectan, a través de mí…

Un único haz, que me hace sentir que cielo y tierra jamás fueron cosas separadas.





domingo, 7 de abril de 2019

LA PERCEPCIÓN PERIFÉRICA: LIBERARSE DE LA DENSIDAD QUE ATRAPA


Este artículo está escrito para todo el público, ya sean seguidores habituales de Atico Cero (A0) o bien me lean por primera vez.

Antes de entrar de lleno en este significativo tema, hago una aclaración respecto al título.

Aparentemente este título es dual, como todo en esta realidad lo es: "yo" y "la densidad que atrapa", son dos. "Liberarse" (uno mismo, el yo) de "algo que aprisiona", son dos cosas también. En la realidad aparente (todo lo que nos rodea, incluido nuestro interior) y en nuestra percepción esto es así. Pero no parto de esta base dual cuando escribo, sino que la utilizo para acomodarme al lenguaje mental-emocional que interconecta a escritor con lector, o lo que es lo mismo, al transmisor con el receptor.

Así aprovecho esta conexión existente, y desde ahí intento llevar al receptor-lector hacia un terreno anterior a esa dualidad manifestada. Es en ese terreno donde la comprensión cabal de lo que escribo puede tener lugar. Yo, como transmisor, establezco las condiciones adecuadas: creo un contenedor capaz de contener el sutil contenido que expongo. Recibir e integrar lo que transmito pertenece solo a quien lo recibe.

Percepción y perceptor, existencia y no existencia, es todo la misma cosa. Y se puede sentir así. Cuando hablo acerca de liberarse de la densidad estoy tan solo describiendo un elemento integrado en un todo.

En un sueño nocturno, por ejemplo, los personajes, escenarios y acciones que en él se despliegan no son elementos que se puedan separar del propio sueño. Todos comparten la misma naturaleza única.

Así, los diferentes elementos de los que voy a hablar -yo, la liberación, la densidad de la realidad- son todos componentes de un único sueño, una única película u holograma.

Partiendo de esta base entramos ya en el tema del artículo.

Voy a dar mi propia definición acerca de qué es la densidad de la realidad: son todos aquellos acontecimientos o situaciones que nos atrapan en mayor o menor grado, que nos obligan o condicionan a reaccionar, hacer o aceptar cosas en contra de nuestra voluntad. Esto no solo ocurre en el exterior sino también dentro de nosotros: patrones de comportamiento, actitudes inconscientes, emociones conflictivas, confusión, excitación…

La densidad es un flujo muy magnético: toneladas de energía de baja vibración diseñada con el propósito de conducir a la humanidad hacia un futuro más que probable, inevitable y diseñado con antelación. No se trata de ninguna teoría conspiratoria, va muchísimo más allá: es la naturaleza profunda inconsciente del alma colectiva humana la que ha diseñado ese propósito y ese nivel de densidad.

En la vida diaria podemos apreciar esta densidad muy claramente. Veamos algunos ejemplos:

  • Un accidente de coche.
  • Un imprevisto que nos obliga a cambiar los planes que habíamos hecho.
  • Levantarte por la mañana y sentirte deprimido sin causa aparente.
  • Un problema en la familia que afecta a todos.
  • Un deseo que siempre te acompaña y nunca se cumple.
  • Sentir que tu vida es repetitiva y carece de metas y sueños.
  • Sentirte triste y no comprender porqué.

Todos sabemos que hay muchísimas situaciones así, tanto dentro de nosotros como en el exterior.

A veces tenemos la sensación de que lideramos nuestra vida, estamos motivados y hay fluidez. Otras veces los acontecimientos o estados de ánimo toman el control y nos obligan o presionan.

Así se muestra la dualidad. En ocasiones los acontecimientos van una dirección, y otras veces en la contraria. Y la mayoría de las personas son llevadas como veletas a través de ella, sin que casi nadie sepa muy bien qué hacer al respecto.

Buscamos y encontramos soluciones parciales, parches y remedios, técnicas, métodos o conocimientos para afrontarlo con mayor o menor éxito. Pero todos sabemos que la realidad densa y la línea de tiempo, que conducen a la humanidad a repetir e intensificar los mismos errores una y otra vez, son quienes tienen el verdadero control de todo, quienes marcan el camino. Un camino claramente inconsciente.

Hay diversas maneras de abordar esto desde Atico Cero. Voy a describir mi más nueva forma de hacerlo. Llegó a mi vida recientemente, como una consecuencia lógica y natural a partir de mi propia trayectoria de comprensión de la realidad y del tiempo que es A0.

Veámoslo globalmente. Nosotros formamos parte de la realidad. Ésta, como entidad única que es, se comunica con nosotros por canales de comunicación perfectamente sólidos y establecidos. Así se asegura de que recibamos cada mensaje que nos envía. Esta comunicación es emocional, y lleva la dualidad ya incorporada.

Cuando la densidad-dualidad nos es comunicada, previamente ya formaba parte de la estructura de la realidad, pero ésta necesita que nosotros recibamos impresiones emocionales de todo ello, para que las amplifiquemos con nuestro centro emocional y así le ayudemos a construirse y perpetuarse.

Todo gira en torno a contenidos emocionales que difícilmente podemos evitar recibir y transmitir. Intentar parar esta comunicación es entrar de nuevo en el propio juego de la dualidad: yo, como entidad separada del mundo, intento esquivar su influencia. Así no conseguiremos más que autoengañarnos. Y la realidad cuenta con ello, por supuesto.

Mi propuesta es no pretender actuar sobre esa comunicación ni sobre sus contenidos. Dejo esa interacción con el mundo totalmente intacta, y me conecto con el CONTENEDOR que está conteniendo a esa comunicación y a esos contenidos.

Es decir: me voy a los límites de la realidad, tomándola en toda su dimensión, como si fuese una enorme caja que realiza la función de contener y favorecer intercambios emocionales entre sus diferentes partes.

La percepción periférica es enfocar nuestra capacidad de percepción en los límites de la realidad, en sus paredes, suelo y techo, simbólicamente hablando. Esto hace que percibamos al contenedor por encima de sus contenidos, como si nos pusiéramos a su misma altura, y en esa posición la realidad no nos puede gobernar, porque no puede hacernos llegar sus impresiones emocionales. Y tampoco puede retroalimentar nuestra dualidad ya asumida.

Quedamos en un estado neutro, libre, suelto, no dirigido ni enfocado desde afuera o desde dentro. La densidad deja de llegar a nosotros para llenarnos, y tampoco nuestra identidad-personalidad recibe alimento, con lo que queda neutralizada en buena parte.

Se minimiza esa retroalimentación emocional con el mundo. Seguimos formando parte de él, pero los acontecimientos y mensajes emocionales no vienen a buscarnos. Y entonces empiezas a sentir algo que quizás nunca antes habías experimentado: el vacío dentro de ti, la sensación de conciencia sin identidad, la paz que no puede ser descrita como paz, porque es una presencia consciente, silenciosa.

La realidad tiene límites, sí. Por muy grande que pueda ser el universo y estar en constante expansión, él y todos los universos paralelos que nos podamos imaginar, junto con todas las posibles dimensiones y líneas de tiempo que existan, todo está contenido dentro de los límites de la realidad. Es en esos límites donde acaba la realidad-existencia y comienza el Campo de posibilidades (arbitrariamente conocido como campo cuántico). Ese límite es como una playa: a un lado la arena, y en el otro lado el mar y las olas.

Es fácil imaginar que, si llevamos la percepción a esa frontera, donde la dualidad y todo lo que existe queda disuelto, estamos percibiendo la fuerza única de la Conciencia del Campo, que no se parece en nada al mar de fuerzas desatadas que llenan nuestro día a día.

O, dicho de otra forma: estamos percibiendo nuestra verdadera naturaleza.

Algo que me gusta mucho de la percepción periférica es que funciona tanto hacia el mundo exterior como hacia nuestro interior. Así que, si tienes depresión, ansiedad, o simplemente tus emociones están activas sin que ocurra nada afuera, se neutralizarán. En mi caso personal esto ocurre pocos minutos después de llevar mi percepción a la periferia. Y siento un gran alivio al notar que lo que me transmitian mi mente y mis emociones no era real.

Esta forma de percibir se puede conectar o desconectar a voluntad. Se tardan escasos segundos en entrar o salir de ella. De hecho, es una función natural que está incorporada en nuestro cerebro. Forma parte de nuestra naturaleza esencial, pero está en estado latente para que no podamos ser conscientes de quienes somos verdaderamente.

La realidad tiene materializadas una enorme cantidad de posibilidades y de variables contenidas en ellas. Es gigantesca, pero limitada. Nunca añade ni quita ninguna, tan solo las hace rodar y las combina para generar cambios de apariencia que estimulen nuestras emociones y nos hagan sentir.

Cuando utilizas la percepción periférica quedas semi desconectado de esa rueda de posibilidades, estás en un lugar fronterizo que es un punto débil en los canales de comunicación de la realidad. Ahí, desde esa posición, ves, comprendes, SIENTES la paz que no tiene opuesto, y recuperas tu derecho al vacío; tu derecho a no ser obligado a reaccionar emocionalmente hacia la realidad y sus exigencias.

Desde ahí empiezas a comprender lo que es la verdadera libertad: ser un recipiente que se llena o se vacía por decisión propia. Y cuando digo “propia” quiero decir que casi deja de haber algo que resulte ajeno. Ya apenas encuentras dos fuerzas en juego.

Al no haber casi fuerzas en oposición, lo que queda es amor. El amor que no tiene opuesto. Y vacío. El vacío que es plenitud de vida.

¿Cómo se conecta y se utiliza la percepción periférica de la realidad? Es muy sencillo, fácil, natural e intuitivo. Está a disposición de todos, y su capacidad de transformación y liberación es ilimitada.

En breve grabaré un vídeo explicando en detalle cómo realizarla.

Muchas gracias por tu atención.