domingo, 7 de abril de 2019

LA PERCEPCIÓN PERIFÉRICA: LIBERARSE DE LA DENSIDAD QUE ATRAPA


Este artículo está escrito para todo el público, ya sean seguidores habituales de Atico Cero (A0) o bien me lean por primera vez.

Antes de entrar de lleno en este significativo tema, hago una aclaración respecto al título.

Aparentemente este título es dual, como todo en esta realidad lo es: "yo" y "la densidad que atrapa", son dos. "Liberarse" (uno mismo, el yo) de "algo que aprisiona", son dos cosas también. En la realidad aparente (todo lo que nos rodea, incluido nuestro interior) y en nuestra percepción esto es así. Pero no parto de esta base dual cuando escribo, sino que la utilizo para acomodarme al lenguaje mental-emocional que interconecta a escritor con lector, o lo que es lo mismo, al transmisor con el receptor.

Así aprovecho esta conexión existente, y desde ahí intento llevar al receptor-lector hacia un terreno anterior a esa dualidad manifestada. Es en ese terreno donde la comprensión cabal de lo que escribo puede tener lugar. Yo, como transmisor, establezco las condiciones adecuadas: creo un contenedor capaz de contener el sutil contenido que expongo. Recibir e integrar lo que transmito pertenece solo a quien lo recibe.

Percepción y perceptor, existencia y no existencia, es todo la misma cosa. Y se puede sentir así. Cuando hablo acerca de liberarse de la densidad estoy tan solo describiendo un elemento integrado en un todo.

En un sueño nocturno, por ejemplo, los personajes, escenarios y acciones que en él se despliegan no son elementos que se puedan separar del propio sueño. Todos comparten la misma naturaleza única.

Así, los diferentes elementos de los que voy a hablar -yo, la liberación, la densidad de la realidad- son todos componentes de un único sueño, una única película u holograma.

Partiendo de esta base entramos ya en el tema del artículo.

Voy a dar mi propia definición acerca de qué es la densidad de la realidad: son todos aquellos acontecimientos o situaciones que nos atrapan en mayor o menor grado, que nos obligan o condicionan a reaccionar, hacer o aceptar cosas en contra de nuestra voluntad. Esto no solo ocurre en el exterior sino también dentro de nosotros: patrones de comportamiento, actitudes inconscientes, emociones conflictivas, confusión, excitación…

La densidad es un flujo muy magnético: toneladas de energía de baja vibración diseñada con el propósito de conducir a la humanidad hacia un futuro más que probable, inevitable y diseñado con antelación. No se trata de ninguna teoría conspiratoria, va muchísimo más allá: es la naturaleza profunda inconsciente del alma colectiva humana la que ha diseñado ese propósito y ese nivel de densidad.

En la vida diaria podemos apreciar esta densidad muy claramente. Veamos algunos ejemplos:

  • Un accidente de coche.
  • Un imprevisto que nos obliga a cambiar los planes que habíamos hecho.
  • Levantarte por la mañana y sentirte deprimido sin causa aparente.
  • Un problema en la familia que afecta a todos.
  • Un deseo que siempre te acompaña y nunca se cumple.
  • Sentir que tu vida es repetitiva y carece de metas y sueños.
  • Sentirte triste y no comprender porqué.

Todos sabemos que hay muchísimas situaciones así, tanto dentro de nosotros como en el exterior.

A veces tenemos la sensación de que lideramos nuestra vida, estamos motivados y hay fluidez. Otras veces los acontecimientos o estados de ánimo toman el control y nos obligan o presionan.

Así se muestra la dualidad. En ocasiones los acontecimientos van una dirección, y otras veces en la contraria. Y la mayoría de las personas son llevadas como veletas a través de ella, sin que casi nadie sepa muy bien qué hacer al respecto.

Buscamos y encontramos soluciones parciales, parches y remedios, técnicas, métodos o conocimientos para afrontarlo con mayor o menor éxito. Pero todos sabemos que la realidad densa y la línea de tiempo, que conducen a la humanidad a repetir e intensificar los mismos errores una y otra vez, son quienes tienen el verdadero control de todo, quienes marcan el camino. Un camino claramente inconsciente.

Hay diversas maneras de abordar esto desde Atico Cero. Voy a describir mi más nueva forma de hacerlo. Llegó a mi vida recientemente, como una consecuencia lógica y natural a partir de mi propia trayectoria de comprensión de la realidad y del tiempo que es A0.

Veámoslo globalmente. Nosotros formamos parte de la realidad. Ésta, como entidad única que es, se comunica con nosotros por canales de comunicación perfectamente sólidos y establecidos. Así se asegura de que recibamos cada mensaje que nos envía. Esta comunicación es emocional, y lleva la dualidad ya incorporada.

Cuando la densidad-dualidad nos es comunicada, previamente ya formaba parte de la estructura de la realidad, pero ésta necesita que nosotros recibamos impresiones emocionales de todo ello, para que las amplifiquemos con nuestro centro emocional y así le ayudemos a construirse y perpetuarse.

Todo gira en torno a contenidos emocionales que difícilmente podemos evitar recibir y transmitir. Intentar parar esta comunicación es entrar de nuevo en el propio juego de la dualidad: yo, como entidad separada del mundo, intento esquivar su influencia. Así no conseguiremos más que autoengañarnos. Y la realidad cuenta con ello, por supuesto.

Mi propuesta es no pretender actuar sobre esa comunicación ni sobre sus contenidos. Dejo esa interacción con el mundo totalmente intacta, y me conecto con el CONTENEDOR que está conteniendo a esa comunicación y a esos contenidos.

Es decir: me voy a los límites de la realidad, tomándola en toda su dimensión, como si fuese una enorme caja que realiza la función de contener y favorecer intercambios emocionales entre sus diferentes partes.

La percepción periférica es enfocar nuestra capacidad de percepción en los límites de la realidad, en sus paredes, suelo y techo, simbólicamente hablando. Esto hace que percibamos al contenedor por encima de sus contenidos, como si nos pusiéramos a su misma altura, y en esa posición la realidad no nos puede gobernar, porque no puede hacernos llegar sus impresiones emocionales. Y tampoco puede retroalimentar nuestra dualidad ya asumida.

Quedamos en un estado neutro, libre, suelto, no dirigido ni enfocado desde afuera o desde dentro. La densidad deja de llegar a nosotros para llenarnos, y tampoco nuestra identidad-personalidad recibe alimento, con lo que queda neutralizada en buena parte.

Se minimiza esa retroalimentación emocional con el mundo. Seguimos formando parte de él, pero los acontecimientos y mensajes emocionales no vienen a buscarnos. Y entonces empiezas a sentir algo que quizás nunca antes habías experimentado: el vacío dentro de ti, la sensación de conciencia sin identidad, la paz que no puede ser descrita como paz, porque es una presencia consciente, silenciosa.

La realidad tiene límites, sí. Por muy grande que pueda ser el universo y estar en constante expansión, él y todos los universos paralelos que nos podamos imaginar, junto con todas las posibles dimensiones y líneas de tiempo que existan, todo está contenido dentro de los límites de la realidad. Es en esos límites donde acaba la realidad-existencia y comienza el Campo de posibilidades (arbitrariamente conocido como campo cuántico). Ese límite es como una playa: a un lado la arena, y en el otro lado el mar y las olas.

Es fácil imaginar que, si llevamos la percepción a esa frontera, donde la dualidad y todo lo que existe queda disuelto, estamos percibiendo la fuerza única de la Conciencia del Campo, que no se parece en nada al mar de fuerzas desatadas que llenan nuestro día a día.

O, dicho de otra forma: estamos percibiendo nuestra verdadera naturaleza.

Algo que me gusta mucho de la percepción periférica es que funciona tanto hacia el mundo exterior como hacia nuestro interior. Así que, si tienes depresión, ansiedad, o simplemente tus emociones están activas sin que ocurra nada afuera, se neutralizarán. En mi caso personal esto ocurre pocos minutos después de llevar mi percepción a la periferia. Y siento un gran alivio al notar que lo que me transmitian mi mente y mis emociones no era real.

Esta forma de percibir se puede conectar o desconectar a voluntad. Se tardan escasos segundos en entrar o salir de ella. De hecho, es una función natural que está incorporada en nuestro cerebro. Forma parte de nuestra naturaleza esencial, pero está en estado latente para que no podamos ser conscientes de quienes somos verdaderamente.

La realidad tiene materializadas una enorme cantidad de posibilidades y de variables contenidas en ellas. Es gigantesca, pero limitada. Nunca añade ni quita ninguna, tan solo las hace rodar y las combina para generar cambios de apariencia que estimulen nuestras emociones y nos hagan sentir.

Cuando utilizas la percepción periférica quedas semi desconectado de esa rueda de posibilidades, estás en un lugar fronterizo que es un punto débil en los canales de comunicación de la realidad. Ahí, desde esa posición, ves, comprendes, SIENTES la paz que no tiene opuesto, y recuperas tu derecho al vacío; tu derecho a no ser obligado a reaccionar emocionalmente hacia la realidad y sus exigencias.

Desde ahí empiezas a comprender lo que es la verdadera libertad: ser un recipiente que se llena o se vacía por decisión propia. Y cuando digo “propia” quiero decir que casi deja de haber algo que resulte ajeno. Ya apenas encuentras dos fuerzas en juego.

Al no haber casi fuerzas en oposición, lo que queda es amor. El amor que no tiene opuesto. Y vacío. El vacío que es plenitud de vida.

¿Cómo se conecta y se utiliza la percepción periférica de la realidad? Es muy sencillo, fácil, natural e intuitivo. Está a disposición de todos, y su capacidad de transformación y liberación es ilimitada.

En breve grabaré un vídeo explicando en detalle cómo realizarla.

Muchas gracias por tu atención.




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