sábado, 14 de diciembre de 2019

LA ENERGÍA INCOMPRENDIDA


En el sistema de creencias humano hay un acuerdo global con respecto al concepto de la energía. Se acepta masivamente que todo es energía o está compuesto de ella, y que lleva una cualidad (programación) implícita que nosotros podemos cambiar.

Es decir, que hay una energía de cualidad “buena” porque nos beneficia, otra de cualidad “mala” porque nos perjudica, y también hay energía mezclada con ambos estados.

Para cambiar la cualidad energética de una situación tenemos técnicas que van desde las puramente físicas y que actúan a partir de la materia o el cuerpo (medicina tradicional, yoga, dietética), hasta las más sutiles que influyen sobre los campos energéticos y sus cualidades directamente (constelaciones familiares, reiki, sanación).

Esto es un breve resumen que todos conocemos. Globalmente podemos decir que casi todas las técnicas, creencias, filosofías, métodos y formas de abordar un problema buscan CAMBIAR LA CUALIDAD ENERGÉTICA de ese problema, situación, persona o acontecimiento. ¿Por qué?

Porque tenemos globalmente el propósito de ir hacia el bien. Es decir, hay un acuerdo social general de mejorar, progresar, evolucionar, crecer… Lo sentimos como parte de la propia vida, de su naturaleza expansiva, y es verdad que así es. Pero nosotros lo hemos convertido en un propósito, y para que un propósito se realice necesita un lugar de partida y otro de llegada, un origen y una meta. El problema es el origen, y la solución es la meta.

Estamos constantemente moviéndonos desde problemas hacia soluciones, de la carencia hacia la abundancia, del miedo hacia el amor, de la pregunta hacia su respuesta… Nuestra vida está totalmente entregada y dedicada a ello.

También es cierto que hay una parte de la sociedad que funciona al revés, con el mal como meta: el que saca un arma y dispara a sus vecinos, el político que malversa fondos que pertenecen a un bien común, quien engaña a su pareja con un amante, un ladrón profesional…

Ya sea que vayamos del bien hacia el mal o en sentido inverso, es exactamente el mismo funcionamiento: la energía está “dividida” en dos grandes cualidades (bien y mal, por elemental que parezca) y nos movemos constantemente de una hacia la otra.

Somos maestros expertos en el arte de aplicar soluciones y métodos que funcionen (unos más que otros, también dependiendo de cada persona y situación a tratar), y a muchos se les valora como excelentes profesionales por ello. Admiramos a aquellos que encarnan el propósito común de la mayoría.

Sin embargo, después de siglos resolviendo problemas y conflictos de todo tipo, una y otra vez nos vemos obligados a enfrentar otros nuevos que van apareciendo. Y así seguirá siendo, porque seguimos absolutamente aferrados a ese propósito de movernos de un polo hacia el otro.

No nos vamos a rendir jamás, ¿verdad? Todo lo hacemos en nombre del bien, del progreso, de un futuro mejor para la humanidad…

Si alguien lee entre líneas habrá notado que el conflicto de base que quiero mostrar es el automatismo humano de dividir la energía en dos polaridades totalmente distintas, opuestas y enfrentadas, y en algunos casos complementarias. Ni que decir tiene que el pasado y el futuro son también parte de esa división, debido a la forma aferrada en que nos relacionamos con ellos.

Todo el mundo se ha lanzado sin pensar al propósito de ir hacia una de esas polaridades, tomando como evidencia incuestionable que el bien y el mal son dos energías distintas en esencia.

Y no es así. El bien y el mal son DOS CUALIDADES DISTINTAS DE UNA SOLA COSA QUE ES LA ENERGÍA. Solo hay una energía, es la misma que sostiene toda la realidad, aunque lleve vestidos diferentes para diferentes ocasiones.

La energía es una sola sustancia. Ahí reside la creencia tan extendida de que todo es Uno, de que Dios está en todo, de que el universo es amor… Y al mismo tiempo ponemos una barrera infranqueable a ser ese Uno cuando separamos y discriminamos a la energía por la cualidad que lleve asociada.

No tenemos ni idea de lo que es RESPETAR la naturaleza de la energía, COMPRENDER su origen -atemporal y más allá de la existencia-, y aún menos PERMITIR que la energía se exprese EN LIBERTAD sin tensarle la cuerda con nuestras divisiones.

ATICO CERO, mi proyecto personal de vida y profesional, se basa en abrir posibilidades (casi o totalmente desconocidas) que nos permiten posicionarnos en un punto o espacio que es neutro con respecto al movimiento y las cualidades de la energía.

Se trata de saber relacionarse con el Uno que es la energía con el RESPETO, LIBERTAD Y COMPRENSIÓN que merece la Conciencia Original (Dios) que habita en ella.

Esto lo materializo con cuatro posiciones principales:

1. La comprensión global de la realidad y el tiempo, y sus estructuras de funcionamiento.

2. El estado de "emoción neutra" que aportan la respiración consciente, la verticalidad del cuerpo y nuestro centro emocional del pecho.

3. La técnica que llamo "Percepción Periférica de la Realidad", un interruptor neuronal que libera la mente y afloja los lazos energéticos con la realidad y con nuestro personaje (ego) en cuestión de segundos.

4. La comunicación con una realidad paralela gemela a la nuestra, cuya naturaleza es no dual, completamente autónoma y de una potencialidad inimaginable. Nos permite llenarnos de sus características y vivir nuestro día a día envueltos en un espacio neutro, radiante y creativo.

En este último punto, aclaro: estoy hablando de recibir el apoyo de un universo paralelo al completo, que es como un dios en sí mismo. Su nombre es "Solar" y en breve lo presentaré. He trabajado con él en el último año y medio, “aterrizando” algunas características suyas que nos son de enorme ayuda aquí.
 

Ese es, por mi parte, el despliegue creativo para generar un principio de solución al conflicto de la existencia humana.
 

Un conflicto que da vueltas en la rueda del tiempo desde que tenemos uso de razón. Y puesto que el tiempo es un programa cíclico y repetitivo, tiene todas las posibilidades de seguir sobreviviendo por los siglos de los siglos.

Así hasta que aparezca un “hacker” capaz de abrir una brecha que interrumpa el programa, o un verdadero maestro que consume la obra de transformar masivamente la inconsciencia en conciencia… Todo es posible.

Por el momento la humanidad sigue en su estado habitual de niños jugando en un jardín de infancia, imaginando ser los héroes que han conquistado el mundo.

Tal vez la Conciencia Una nos mira de reojo desde el vacío, de vez en cuando. Y al vernos tan entretenidos y ocupados en nuestros juegos, sonreirá y asumirá que estamos “bien”.

Mientras tanto aquí, seguiremos disfrutando.

Javier Betorz
www.aticocero.com
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javier@aticocero.com

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jueves, 12 de diciembre de 2019

VIVIR SIN CONFLICTOS


Imagina que despiertas en tu cama por la mañana.
 

Y antes incluso de levantarte y poner un pie en el suelo, eres capaz de desplegar a tu alrededor un "espacio unificado" donde el bien y el mal no pueden estar, ni tampoco interactuar contigo desde fuera o desde tu interior.

Es un espacio neutro, de bienestar, donde tus emociones se muestran sin verse forzadas a tomar partido por la alegría o por la tristeza, por recibir amor o por no sentirse merecedor. Eres tú sin filtros, sin influencias.

Te levantas y tomas tu café y tu desayuno.
 

Comienza tu día, y sabes que la realidad no vendrá a buscarte con un imprevisto que ahonde en tu impotencia frente a ella: una pérdida de dinero, un familiar accidentado, una situación que te perjudica, un rechazo emocional que duele…

Sabes que no habrá conflictos QUE TE AFECTEN, porque en ese espacio que ahora te rodea no pueden vivir (ni alimentarse) cargas energéticas de polaridad opuesta.

La realidad se da perfecta cuenta de que no estás disponible para que ella pueda jugar a su juego favorito: enfrentar situaciones, ya sea dentro o fuera de ti.
Pero no puede hacer nada para entrar en ese espacio tuyo, porque esta realidad que nos envuelve no está diseñada para manejar espacios donde no existan “diferencias de potencial” energético.

Ese espacio unificado que imaginaste abrir al comenzar tu día te tomó apenas unos segundos, o tal vez un minuto o dos. Es decir, casi no utilizaste el factor tiempo. Cuando nuestras acciones, emociones o pensamientos no se despliegan a lo largo del tiempo, la realidad no puede llegar a nosotros. Quedamos casi fuera de su alcance.

Nuestra relación con la realidad aparente -nuestros recuerdos buenos y malos, nuestras emociones y esperanzas futuras y nuestras reacciones hacia ella- solo puede existir en base al tiempo.

Si no hay tiempo no hay conflicto, y la realidad no puede involucrarte en él. Estás prácticamente fuera de su influencia, mientras tu conciencia se mantenga despierta.

Es más, quien se acerque a ti sentirá en alguna medida que irradias ese espacio, donde la armonía y el bienestar son la base de la comunicación. Lo sentirán incluso a distancia.

Les estarás dando lo que todos anhelan: amor. Un amor que no “busca” dar o recibir; tan solo se mantiene centrado, a la espera, irradiando armonía, extendiendo sus manos.

¿Te gusta imaginarte así? Puedo decirte que ese espacio existe, es ocupar una posición en la realidad que casi la neutraliza.

Es una toma de conciencia del Uno dentro de un mundo dual que olvidó que era Uno, y sufre por ello.

Ese espacio se llama Atico Cero: la realidad y el tiempo anclados en neutro.

Como los grandes barcos anclados en un puerto, casi sin moverse.

Bienvenidos al Paraíso.





martes, 10 de diciembre de 2019

EL AMOR NO NOS NECESITA


Los seres humanos creemos tener la capacidad, el poder y el derecho a tomar decisiones o emprender acciones hacia el amor.
Creemos que podemos cerrarnos porque tuvimos una mala experiencia. Que podemos interferir en una relación de amor existente. O tomar la decisión de alejarnos de él; o el derecho a buscarlo y seleccionarlo según nuestras condiciones.

No podemos comprender la naturaleza del amor si ni siquiera sabemos qué hacemos en el mundo, si apenas ni salimos de nuestra constante lucha para sobrevivir a la batalla entre el bien y el mal que día tras día revivimos.

El amor nace en un lugar que NO EXISTE. Es decir, su origen está más allá de nosotros y de todo lo que podemos percibir. Un lugar que es nada y es todo, que nos está pidiendo rendir nuestra soberbia ante su inmensidad, estar desnudos y humildes ante la absoluta grandeza de aquello que nos da la vida.

El amor no necesita nuestras decisiones, nuestra pequeñez, nuestra experiencia.
No tenemos ninguna experiencia ni hay ninguna decisión a tomar frente a la inabarcable vida que somos.

El amor entra por nuestra puerta cuando él y sólo él sabe que es el momento perfecto, dada su perfecta naturaleza. ¿Hay aquí alguien que sepa tanto o más que el propio amor, y le quiera dar lecciones?

Preferimos aferrarnos al dolor del pasado y al miedo al futuro antes que rendir nuestro personaje humano y aceptar RELACIONARNOS EN LIBERTAD con el amor, que es la única forma posible de vivirlo.
Y es que no vivimos nada bien el paso del tiempo, así que le echamos la culpa a éste si no nos entregamos con la inocencia de un niño cuando sentimos amor.

El amor no necesita que yo crea que estoy en el momento adecuado para vivirlo. Eso es ponerse por encima de él.

El amor no necesita que yo exhiba mi lista de condiciones ideales bajo las cuales aceptaré amar a alguien.

El amor no necesita que yo decida acerca de mis lazos familiares, porque ese amor que allí fluye se basta y se sobra a sí mismo.

Nacemos de la Nada, y jugamos a ser alguien en el mundo. Pero cuando el amor llama a mi puerta, me olvido de quién soy y me arrodillo ante él, porque es mi Padre-Madre quien me llama, la Fuente de la que yo emano, siendo ambos sagrados por igual.

Y me abro incondicionalmente.

El amor decide por mí. Yo le sigo, incorporando su grandeza, sin hacer una sola pregunta.