jueves, 12 de diciembre de 2019

VIVIR SIN CONFLICTOS


Imagina que despiertas en tu cama por la mañana.
 

Y antes incluso de levantarte y poner un pie en el suelo, eres capaz de desplegar a tu alrededor un "espacio unificado" donde el bien y el mal no pueden estar, ni tampoco interactuar contigo desde fuera o desde tu interior.

Es un espacio neutro, de bienestar, donde tus emociones se muestran sin verse forzadas a tomar partido por la alegría o por la tristeza, por recibir amor o por no sentirse merecedor. Eres tú sin filtros, sin influencias.

Te levantas y tomas tu café y tu desayuno.
 

Comienza tu día, y sabes que la realidad no vendrá a buscarte con un imprevisto que ahonde en tu impotencia frente a ella: una pérdida de dinero, un familiar accidentado, una situación que te perjudica, un rechazo emocional que duele…

Sabes que no habrá conflictos QUE TE AFECTEN, porque en ese espacio que ahora te rodea no pueden vivir (ni alimentarse) cargas energéticas de polaridad opuesta.

La realidad se da perfecta cuenta de que no estás disponible para que ella pueda jugar a su juego favorito: enfrentar situaciones, ya sea dentro o fuera de ti.
Pero no puede hacer nada para entrar en ese espacio tuyo, porque esta realidad que nos envuelve no está diseñada para manejar espacios donde no existan “diferencias de potencial” energético.

Ese espacio unificado que imaginaste abrir al comenzar tu día te tomó apenas unos segundos, o tal vez un minuto o dos. Es decir, casi no utilizaste el factor tiempo. Cuando nuestras acciones, emociones o pensamientos no se despliegan a lo largo del tiempo, la realidad no puede llegar a nosotros. Quedamos casi fuera de su alcance.

Nuestra relación con la realidad aparente -nuestros recuerdos buenos y malos, nuestras emociones y esperanzas futuras y nuestras reacciones hacia ella- solo puede existir en base al tiempo.

Si no hay tiempo no hay conflicto, y la realidad no puede involucrarte en él. Estás prácticamente fuera de su influencia, mientras tu conciencia se mantenga despierta.

Es más, quien se acerque a ti sentirá en alguna medida que irradias ese espacio, donde la armonía y el bienestar son la base de la comunicación. Lo sentirán incluso a distancia.

Les estarás dando lo que todos anhelan: amor. Un amor que no “busca” dar o recibir; tan solo se mantiene centrado, a la espera, irradiando armonía, extendiendo sus manos.

¿Te gusta imaginarte así? Puedo decirte que ese espacio existe, es ocupar una posición en la realidad que casi la neutraliza.

Es una toma de conciencia del Uno dentro de un mundo dual que olvidó que era Uno, y sufre por ello.

Ese espacio se llama Atico Cero: la realidad y el tiempo anclados en neutro.

Como los grandes barcos anclados en un puerto, casi sin moverse.

Bienvenidos al Paraíso.





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