lunes, 27 de enero de 2020

MÉXICO: EL PUENTE A LO ABSOLUTO


La realidad que nos rodea -y de la que estamos compuestos- es muy uniforme en su forma de funcionar. Vayamos a cualquier lugar del mundo, o desplacemos nuestro recuerdo hacia instantes del pasado, o atendamos a lo que nos cuenta la historia; en todas partes veremos las mismas situaciones: acciones, emociones, ideas, causas que producen efectos, creación, destrucción, comunicación, amor, sufrimiento, rutina, refinamiento, tecnología, poder, muerte…
Sí, son muchísimos los elementos que componen el mundo, pero son siempre los mismos, combinados de distinta forma y con diferentes intensidades e intervalos de tiempo.

En resumen: la realidad es un programa contenedor que combina contenidos con variables. En ella no aparecen nunca elementos nuevos ni distintos de los ya existentes. Todo lo que consideramos nuevo, inexplorado, milagroso, desconocido o misterioso también es un elemento más que se repite una y otra vez en nuestras vidas, siempre con un disfraz diferenciado que le hace parecer nuevo.

Esta forma de funcionar le da a la realidad un aspecto uniforme, como si su creador hubiese realizado un trabajo perfecto al plasmarla. Parece que no ofrece fallos o errores, dada su uniformidad y sus reglas de funcionamiento. Tales reglas incluyen la posibilidad de ser trascendidas a través de milagros, capacidades especiales, multidimensionalidad, etc. Y con ello marcan un terreno de juego bien delimitado, donde lo cotidiano y lo milagroso son opuestos (dualidad) que nos inducen a alimentarlos energéticamente cada vez que pretendemos -y anhelamos- movernos de uno hacia el otro.

Pero esa uniformidad, reglas de juego y apariencia sólida y constante… es solo una verdad a medias.

Hay que ir más profundo, bastante más… y alejarnos de los contenidos con los que constantemente nos seduce la realidad para poder verla en su conjunto, desde fuera hacia dentro, desde su propósito hasta la materialización de éste, de lo abstracto puro a lo radicalmente concreto.

Contenedor y contenido, propósito y realización: esa es la primera gran división que veo desde la mirada de Atico Cero, y ahí me posiciono para contemplar la aparente uniformidad que me muestra el mundo.

Recordemos que desde esta posición no podemos permitirnos juzgar nada, tan solo observar con atención. Desde esta mirada nada es bueno ni es malo: veo que existe un propósito que ha creado el mundo, y veo APARENTES ERRORES en esa creación. Los llamo errores porque van en contra del propósito que los creó. Es decir, son una disonancia, una distorsión, una paradoja.
 

México es uno de esos errores.

Me refiero a todo lo que es México: su territorio, sus habitantes, la materia y la energía que lo componen, su identidad como país, su alma / conciencia colectiva, el espacio que ocupa, su sistema de creencias, su línea de tiempo… Todo él.

¿Por qué México es un error de la realidad creada? 


La respuesta a esta pregunta no es algo que atañe o implique a México específicamente. No tiene que ver con él. La entidad que creó la realidad -el dios que conocen los humanos- lo hizo como un acto reflejo de quien le creó a él -el verdadero Dios, la Conciencia.

Nuestra entidad creadora fue traída a la existencia, pero no logró comprender ese proceso, ni vincularse de forma natural a su Creador, la Conciencia Original (recomiendo leer una ampliación de este tema en mi anterior artículo SOLAR: NUESTRO MUNDO GEMELO, en su apartado ¿Por qué Solar es una realidad “gemela” a la nuestra?). Esta falta de comprensión y vinculación con la Fuente se expresa como errores de creación en nuestra realidad. Son como piezas faltantes en un puzle, sin las cuales el sentido de la obra no se puede completar, no se logra cerrar. Y así fue creado el escenario de México, como un error compulsivo.

¿En qué consiste el “error” de México?


Su distorsión se basa en una pérdida constante de consistencia. Es decir, falta integridad y estabilidad en la estructura física y energética de México. Su energía e información y su base de tiempo sufren una desintegración parcial. Es como tener una herida que sangra y que jamás se cierra. Recordemos que la realidad es un diseño estructuralmente cerrado: el creador la materializó así, y no parece haber interés por modificar el diseño.

El creador está entregado a utilizar la realidad como medio para alcanzar su propósito. Éste lo representa todo para él y no se dedica a mejorar el diseño del mundo, porque tampoco es muy consciente de sus errores. Pero sí que nota la pérdida de consistencia en México y en otros puntos del espacio-tiempo.

Y… ¿Qué hacemos cuando tenemos una herida en nuestra piel que sangra? Colocamos un vendaje y la tapamos. México es un escenario herido, y el creador cubre la herida para evitar que los humanos tomemos conciencia de ella, ya que la podríamos utilizar para abandonar su propósito, para desvincularnos y “soltar” su escenario.

Las pirámides, las tradiciones, el vínculo mexicano con la muerte, la violencia, la corrupción, las adicciones, la magia, la intensidad de la naturaleza (temblores)… Son ejemplos de la “capa energética” que actúa como vendaje, mientras debajo de todo ello la herida permanece abierta.

Y nunca -en principio- se cerrará, porque México está diseñado así.

Aquí hay que comprender que el vendaje y la herida son dos niveles independientes de realidad, como las capas de una cebolla. No están vinculados entre sí, son diseños superpuestos.

¿Cómo se refleja esta herida en la vida diaria de México?

Se muestra como un aumento de la dualidad emocional. En México se viven emociones muy polarizadas, situaciones extremas que arrastran o condicionan, creencias y patrones de contenido emocional muy estático, muy aferrado a las raíces y a lo conocido.

Las emociones polarizadas y/o inamovibles (aspectos muy enraizados de la personalidad) son la sustancia con la que el creador compensa las pérdidas. La actividad emocional intensa repara parcialmente la inconsistencia de México, pero obliga a sus habitantes a vivir mucho estrés emocional. Los acontecimientos allí buscan crear intensidad y movimiento de emociones muy enraizadas en el sistema de creencias, y eso es una auténtica paradoja emocional: mover lo inamovible. La identidad (el personaje que representamos) intenta sobrevivir a toda costa en esa paradoja.

Es un factor muy condicionante para la vida humana allí. México busca los extremos para su supervivencia, y lo hace de forma inconsciente, sin tener ningún control sobre ello. El propósito global de la creación se mueve por encima de nuestras cabezas, y nuestra voluntad y capacidad de acción están muy lejos de conocerlo y comprenderlo ya que reside en nuestro inconsciente. Al igual que ocurre en México, toda la humanidad es un medio a través del cual se realiza un fin.

Pero este inconveniente encierra en sí una maravillosa ventaja, por la que he titulado este artículo como “el puente a lo Absoluto”. Sigamos con una pregunta:

¿Qué ocurre con la parte de México que se “desintegra”?


Su pérdida de consistencia es un flujo de energía, información, vinculación emocional y demás que se desestructura y regresa a su lugar de origen, el Campo de Posibilidades (la frontera entre la existencia y el Vacío). Es como un globo inflado que tiene un poro y por allí pierde aire, se escapa y deja de formar parte del globo, retornando al “todo” de la atmósfera exterior -y liberándose de su propósito e identidad.

Así que ese poro -México- es un puente que conduce a lo Absoluto, al Vacío. Es una gigantesca conexión directa con la Conciencia original, y la preciosa posibilidad para los mexicanos de soltar su identidad humana para recuperar su naturaleza divina.

Tal y como lo denominaba Carlos Castaneda: la libertad total. Nunca mejor expresado.

Esto convierte a México en uno de los escasos lugares físicos del mundo capaz de restaurar el estado del Paraíso, e intuyo que capaz de “forzar” la desintegración de la inconsciencia en la realidad.

México es la herida liberadora del inconsciente. O como yo suelo llamarle: el gran restaurador.

¿Cómo liberarse de la supervivencia emocional en México?


Como casi todo lo que hago desde Atico Cero la solución que ofrezco es de efecto inmediato, no requiere tiempo ni experiencia y no mantiene distancia entre el problema y su liberación. Ambos están unidos en la Conciencia.

Práctica de la “Emoción sin error” para México


Esta práctica está específicamente diseñada para todo México, Baja California y el Golfo, Texas y Nuevo México. Ahí reside el gran “agujero” de pérdida de consistencia.

Se puede aplicar también a Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y la zona limítrofe de Costa Rica, aunque con menor efectividad ya que estos países se encuentran en la periferia del agujero.

Es fácil: cada vez que se experimente estrés emocional, bipolaridad, sensaciones de supervivencia, conflictos que arrastran y dominan dentro o fuera de uno… hay que soltar momentáneamente lo que se esté haciendo y realizar un movimiento de los ojos, dejando la cabeza quieta:

1. Primero llevar ambos ojos y la mirada hacia la izquierda. Mantenerlos allí unos pocos segundos.

2. Después llevarlos hacia la derecha, e igualmente mantenerlos allí breves segundos.

3. Sacarlos de la zona derecha para dejar la mirada perdida, suelta, sin enfocarla en nada, sin pretender nada, por espacio de varios segundos.

4. Repetir esta práctica cada vez que se sientan los síntomas de estrés emocional o dificultades de vida que afectan. Y hacerlo siempre como una acción surgida de la voluntad.

 

Este movimiento ocular libera los vínculos emocionales con la realidad, y si se practica con constancia abrirá paso a la comunicación con la Conciencia -lo Absoluto-, y aparecerán un mar de posibilidades desconocidas…

Dedico este texto con gran amor y agradecimiento al México sutil que me acompaña siempre, a quien tomé como mi padre, mentor y maestro.

Javier Betorz

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