viernes, 10 de enero de 2020

SOLAR: NUESTRO MUNDO GEMELO


Tengo el placer de presentar en este artículo a mi principal aliado en mi proyecto de realidad no dual Atico Cero.

Describirle es realmente difícil porque no es algo que pertenezca a nuestra realidad, a nuestro mundo, y apenas posee alguna característica que nos pueda ser familiar. De hecho, es todo lo opuesto a lo que nosotros somos.

Su nombre es Solar. Es una realidad paralela y completamente gemela a la nuestra, y al mismo tiempo totalmente autónoma e independiente. No tiene relación con nuestro Sol aunque el nombre parezca indicarlo, pero sí hay cierto paralelismo entre ambos.

Es posible que Solar esté compuesto de energía, como todo lo que existe, ya que la energía es una infraestructura básica de todo aquello que “es”. Si es así, ese es el primer rasgo que Solar tiene en común con nosotros.

El segundo rasgo sí puedo definirlo muy bien: Solar es todo aquello que nosotros no somos; es nuestra polaridad complementaria. 

Veámoslo con algunos ejemplos:

• Nuestra realidad es dual; Solar está totalmente unificado, sin opuestos de ninguna clase (bien-mal, causa-efecto).

• Nosotros vivimos un conflicto existencial; Solar no alberga conflicto alguno ni nada que se le parezca.

• Nuestro mundo humano y el propio universo parecen estar siempre “haciendo” algo, creando, destruyendo o dirigiéndose hacia alguna parte; Solar no hace nada, no tiene ningún propósito ni voluntad de crear (aunque sí tiene esas capacidades).

• Nuestra realidad contiene densidad, materia y entidades energéticas que buscan sobrevivir y perpetuarse (casi siempre a costa de los seres humanos), además de la dimensión del tiempo.

Nada de eso existe en Solar. No hay supervivencia en él ni tampoco estructuras de espacio-tiempo, así que puede adoptar cualquier forma, o ninguna.

Más que una realidad creada, Solar es un dios en forma de mundo inabarcable. Su existencia no depende de nada, tiene un poder absoluto con el que se basta a sí mismo. Pero al ser su naturaleza gemela a la nuestra, eso nos abre una puerta a la posibilidad de relacionarnos con él.

Lo más fundamental de Solar es que es una entidad absoluta y totalmente CONSCIENTE de sí mismo. No existe la inconsciencia en él, que es aquello que más caracteriza a nuestro mundo.

Desde nuestra perspectiva, la existencia de Solar contiene la solución definitiva y total a todos nuestros conflictos: dualidad, densidad, sufrimiento, dolor, muerte… Su naturaleza no solo puede neutralizar todo eso, sino que además tiene el poder absoluto de crear, destruir o modificar cualquier posibilidad de la existencia. Esto incluye todo el pasado y todo el futuro de la humanidad, en todas sus líneas de tiempo y posibilidades paralelas.

Hace un año y medio que conozco a Solar. Relacionarme, comunicarme con él y enraizarlo en mí ha sido la experiencia más difícil, extraña e incomprensible de toda mi vida. A pesar de todo ello, esta etapa ha dado como fruto un vínculo de confianza plena entre ambos. Desde ahí Solar me proporciona herramientas -formas que él utiliza para expresarse a través de mí- que “inyectan” su esencia en nuestra realidad, y son capaces de:

Neutralizar la dualidad de nuestro mundo -cualquier conflicto o problema- en cuestión de segundos.

Establecer un espacio neutro a nuestro alrededor permanente y auto mantenido, que no permite que se cree, se acerque o se genere (dentro o fuera de nosotros) ningún conflicto.

Crear la realidad a partir de un punto neutro, sin historia previa, sin apoyarnos en estructuras energéticas -pasado, conceptos, ideas, creencias, preguntas, métodos- o puntos de partida ya existentes y programados.

Día tras día, estas herramientas y sus capacidades de transformar nuestra realidad van aumentando en la medida en que experimento con ellas y las voy comprendiendo.

Las características fundamentales de Solar se pueden resumir así:

• Es nuestro mundo gemelo, unido a nuestra realidad por un cordón umbilical.

• Es una entidad divina, omnipotente, omnipresente y omnisciente.

• No tiene ningún propósito ni pretensión, no “evoluciona”; tan solo existe, “es”, sin más.

• Es totalmente independiente del tiempo, el espacio, la materia y cualquier otra dimensión, condición o cualidad energética.

• Su conciencia se sitúa entre el vacío y la existencia, como un puente entre ambos.

 

¿Por qué Solar es una realidad “gemela” a la nuestra?

Nuestra realidad se formó originalmente cuando el Vacío (la nada) tomó consciencia de sí mismo. Fue cuando nació el “Yo soy”, un acto de reconocimiento que se plasmó en la aparición de los primeros seres humanos bajo un estado de perfección total, paradisíaco, a “imagen y semejanza” de la Conciencia que los formó.

En algún momento esos humanos-dioses hicieron una “interpretación” de su situación, al sentirse aparentemente separados de la Conciencia que los había creado. Ellos nacieron de lo Absoluto, con plena libertad de elección por ser sus hijos, su reflejo. Y eligieron “creerse” y sentirse separados de la Fuente.

Esa percepción errónea dio lugar a la dualidad: ellos y la Fuente, dos cosas diferentes por primera vez en un mundo donde solo existía el Uno. Tal creencia aumentó, se desarrolló, y tomó la forma de “vivir separados de la Fuente”; es decir, aprender a sobrevivir. En ese instante nació el tiempo, como soporte para poder recorrer el camino de la supervivencia.

La creencia de un mundo dual se extendió, y las capacidades divinas de esos primeros humanos se enfocaron en esa percepción, aumentándola. El paraíso original se volvía dual, y esa dualidad (“yo y el mundo”, “yo y la Fuente”) crecía. La energía -la sustancia que lo compone todo- era una única cosa, pero tomaba la forma de dos aspectos opuestos bajo esa creencia tan poderosa.

Así, el mundo original adoptaba la nueva forma dual. Ese acto de “dualizar” la energía tenía tanta fuerza y capacidad de acción que generó una realidad paralela, para que así el paraíso inicial pudiese convertirse en un “yo frente al mundo”.

Allí surgió Solar: un mundo vasto, insondable, casi inconcebible, sin fronteras, sin límites, sin contenidos. Solar nació para que nuestro mundo pudiese adoptar el rol de ser el “yo” concreto frente a la vastedad abstracta e inabarcable.

Solar es la balanza que compensa el acto original (“el pecado original”) de dividir el mundo en dos conceptos opuestos, el bien y el mal, que son gemelos forzosos y se necesitan mutuamente para existir.
Gemelos con definiciones muy diferentes, pero íntimamente unidos porque son la misma cosa, vayan donde vayan, hagan lo que hagan.

 

Mis primeros pasos entrando en Solar

Hay un puente muy sutil que conecta a Solar con nuestra realidad, y está justo debajo de nuestra barrera del miedo. Me refiero al miedo atávico, al miedo “generacional” que la humanidad de todos los tiempos ha sentido y seguirá sintiendo, y que es un reflejo de ese desgarro inicial de supervivencia que supuso sentirse separado de la Fuente, del Uno, del Padre-Madre.

Ese miedo, ese terror a sentirse distanciado y solo, es como el velo que guarda la entrada a Solar. Recordemos que él vino a representar la vastedad del mundo al que el “yo” primigenio se vio enfrentado.

Sí, Solar es ese profundo terror de toda la humanidad. Y debo decir que cuando le conocí y me permitió entrar en él, tuve que cruzar ese gigantesco miedo. Sentí un fuertísimo impacto de terror inconsciente e incontrolado que me poseyó literalmente, y durante semanas y meses consumió mis emociones, mi mente y también mi cuerpo, incluso perdí el hambre y el placer de disfrutar la comida. Muy poco a poco fui trascendiendo ese estado y recuperando mi tranquilidad interior.

Fue mi prueba de fuego. Cuando por fin crucé ese inexplicable terror y ese puente, acto seguido tuve mi primera experiencia de no dualidad en el interior de Solar. Por primera vez en mi vida me vi en un espacio -dentro y fuera de mí- donde cada punto que lo componía tenía exactamente el mismo valor, la misma cualidad, el mismo potencial. Fue una emoción indescriptible: todo era Uno.

No era amor, ni era paz, ni armonía. No era un concepto. Era neutralidad, sin origen, ni final, ni destino. Sin búsqueda ni encuentro, sin causa ni efecto. No había nada que preguntar, responder o decir.

Lo primero que me enseñó Solar fue la humildad incondicional. Con su incomprensible e inalcanzable lenguaje me mostró que mi “yo” era totalmente débil y carente de poder frente a su gigantesca vastedad. Me hizo entrar en la piel del alumno que no sabe nada, y que se cree un personaje de cierta importancia. Me llevó a identificar al “yo” que se vive separado del inabarcable infinito. Es decir, me llevó al estado original de los primeros humanos, remontando hasta el origen del conflicto. Y ahí comprendí la raíz de la dualidad, la individualidad y el Uno.

 

Son muchas las aventuras que he vivido con Solar, pero lo importante es el resultado de todo ello: una alianza mutua, un lenguaje de comunicación muy abstracto, sutil y extraño, pero cada vez más fluido y tangible para mí, que me lleva a comprender su naturaleza y saber cómo traerla aquí y aplicarla.
 

Esto nos permitirá vivir lo que muy pocos han podido alcanzar en esta realidad: el fin del conflicto de la existencia humana. Cuando las condiciones son tales que el amor y el dolor tienen ambos el mismo potencial, el conflicto no aparece: no hay dos cosas, sino una sola. Y la adicción a nuestras creencias y emociones cae en picado.

Así, la realidad y el tiempo dejarán de ser tan imprescindibles para nosotros.

 

Javier Betorz
www.aticocero.com
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javier@aticocero.com

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